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Terminamos antes de empezar

“Tiró su cepillo de dientes,

pero no podía deshacerse de su sonrisa”.

#nanorrelato

 

Hoy me gustaría hablar de aquellas relaciones que son fugaces. Intentos de pareja que se acaban antes de poder estabilizarse y cuya pena sumerge a los protagonistas en un drama que en muchas ocasiones dura más que la propia relación.

Son aquellos encuentros que hacen honor a las palabras de Neruda “es tan corto el amor, y tan largo el olvido”.

Es habitual en la adolescencia tener parejas breves mientras estamos aprendiendo a relacionarnos con los demás y también con el amor. Pero cada vez es más habitual, que este modelo se alargue en la edad adulta. Cada vez tengo más clientes que vienen porqué no soportan el dolor del final inesperado de algo que ni tan siquiera había comenzado. 

Cuando empezamos con el amor, las primeras relaciones son un juego, un aprendizaje, y de allí sacamos muchas creencias que nos acompañaran. Por eso, una ruptura amores en la adolescencia es un gran drama, porque no se trata únicamente de un desengaño, se ponen en marcha muchas creencias “no soy capaz de mantener una relación de pareja”, “me quedaré siempre solo/a”, “no soy digno de que me amen”. Los quinzeañeros se rompen en cada final, no por la persona, sino por todo lo que significa la ruptura. Pero también suelen superar pronto esa pena y seguir experimentando con nuevas personas.

Lo mismo pasa con los adultos. Es normal y necesario pasar por un duelo después de una ruptura sentimental, pero el duelo no puede ser más largo que la propia relación, ya que entonces estamos tristes no por perder lo vivido, sino ¡por lo no vivido!, lo imaginado, lo idealizado, y allí empieza el problema.

Nunca podrás competir con una relación idealizada, y es muy fácil idealizar lo no vivido, así que nada ni nadie puede competir con una relación que no se ha llegado a materializar, o que se acabó justo antes de que te dieras cuenta que a tu compañero/a le olían los pies. Y si no has podido darte cuenta que le olían los pies, o que hacía ruido al masticar, lo que había no era amor, sino idealización. El amor se construye poco a poco y conociendo los defectos del otro/a.

Lo que te duele al finalizar estas relaciones fugaces no es la ausencia de la persona que has creído amar, lo que se rompe son todas esas creencias asociadas a la ruptura o las expectativas de futuro. Por lo tanto, si te encuentras atrapado/a en una situación de este tipo te animo a que pongas atención a estos aspectos:

  • ¿Qué se te ha roto? Quizá has descubierto al goce sexual por primera vez con esta persona, o te has sentido comprendido/a como con nadie, tal vez es el tercer intento y piensas que no habrá más posibilidades. Observa, sea lo que sea, ¿qué te ha roto tanto? Pon las creencias al descubierto.
  • Busca sus defectos. Para poder desidealizar a la otra persona, necesitas empezar a ver la realidad, y no tu ensoñación. Haz una lista con todas esas virtudes que le veías y acompáñalas de un defecto. Si te cuesta, sigue buscando defectos, tiene que ser par.
  • Pon distancia. Intenta distanciarte y romper relación con esa persona durante un tiempo para que puedas pasar la parte del “mono”. Si no pones distancia, tu examante se convertirá en una especie de droga, que te llevará a la situación inicial o casi inicial cada vez que lo/la veas.
  • Date permiso para estar triste, pero recuerda, que el duelo no puede ser más largo que la propia relación.
  • No olvides que el otro o la otra sólo fueron un activador, lo que has sentido es tuyo, tus sensaciones no las ha provocado el/la otro/a, estaban en tu cuerpo, podrás volverlo a sentir de nuevo, si te das permiso y sueltas el pasado.

Así que te animo a que a partir de ahora además de tirar su cepillo de dientes, guardes su sonrisa en el cofre de los recuerdos del pasado. Sólo así podrás descubrir lo que te deparan las nuevas miradas.

Te animo a compartir el artículo si te ha gustado.

Un abrazo,