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Carta a un/a impertinente

En muchas ocasiones algunas personas quedan enredadas en relaciones que no les ayudan a sentirse bien, sino que por el contrario les dificultan el bienestar, y una relación nunca puede restar.

Uno de los tipos de personas que más pueden dañarte son los/as impertinentes. En el artículo sobre los límites de la sinceridad describo la impertinencia como un extremo de la sinceridad en el que decimos aquello que no es pertinente. Por ejemplo, aquella pareja o amigo/a que te dice “estás muy gordo/a”, “no sabes comportarte con la gente”, “para decir lo que dices mejor que no hables” sin que tan siquiera se lo hayas preguntado.

En mi vida me he encontrado con personas con comportamientos impertinentes. En muchas ocasiones los he mantenido cerca, pensaba que en el fondo no tenían mala fe, que no sabían hacerlo de otra manera,… en nombre de la empatía entendía todas sus circunstancias, pero, ¿y las mías?, ¿quién se hacía cargo de mis necesidades? Entonces tomé conciencia que la empatía empezaba por mí mismo y, que además, como saben mis clientes, no es lo mismo empatizar que estar de acuerdo o permitir.

Además, ¿sabes cuál es el peor favor que le puedes hacer a alguien impertinente? Salvarle, quedarte para hacerle compañía, restarle importancia a su falta de sensibilidad. ¿Quieres ayudar de verdad a alguien con esa poca capacidad empática? Déjale solo/a, en primer lugar porqué no mereces ser el saco de boxeo de nadie, y en segundo lugar por él o ella, ya que cuanto antes se encuentre solo/a, antes buscará ayuda para trabajar sus dificultades sociales y su poca capacidad para ponerse en el lugar del otro.

Impertinente

Así que hoy le escribo una carta a cualquier de esas personas impertinentes que a veces nos encontramos.

“Querido impertinente,

He decidido no entenderte más. Para mi nuestra relación acaba aquí, he decidido respetarme y el primer paso para ello es quitar de mi vida a personas como tú. ¿Por qué?

Porqué cuando te cuento mis planes e ilusiones te ríes de mí y me ves incapaz de conseguirlo y yo quiero que me animes a ello.

Porqué cuando me ves sonreír, me dices cosas para que deje de hacerlo y yo quiero que te unas a mis risas.

Porqué creo que en ocasiones más que querer mi bien, siento que te molesta mi felicidad.

Porqué después de estar contigo me siento peor que antes de hacerlo y yo quiero sentirme mejor.

Porqué cuanto más esfuerzos hago para entenderte a ti, menos me quedan para entenderme a mí.

Por todo ello, me despido de ti.

Me encontrarás cuando quieras construir algo desde la alegría, la comprensión y la empatía. Mientras, lo construiré con personas que vayan en la misma dirección que yo, ya no voy a esforzarme en cambiarte, al aceptarme a mí, también puedo aceptarte a ti y eso hace darme cuenta que no te quiero así en mi vida.

Mucha suerte”.