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La distancia entre mente y corazón

Por mucho que se esforzaba

no conseguía aunar el latido de sus corazones.

#nanorrelato

Cuenta el psicoterapeuta Thomas D’Ansembourg que la distancia más grande que alguien jamás podrá recorrer es la que existe entre su cabeza y su corazón. Lo más probable es que en algún momento de tu vida hayas tenido un conflicto emocional donde sentías que tenías que elegir entre tu cabeza y tu corazón.

No existe conflicto entre mente y corazón

En la mayoría de casos, no creo que exista un conflicto entre mente y corazón, entre lo racional y lo emocional. La mayoría de veces el conflicto es entre dos espacios de tu mente. Entre el miedo a la separación y el miedo al dolor del acercamiento, aparece de nuevo la vulnerabilidad. 

Qué difícil moverse entre estos dos miedos. Aparece la angustia de abandonar una relación porque no te satisface o seguir esforzándote para que esta empiece a funcionar. Las relaciones no se mueven por el esfuerzo, este es inútil en un conflicto entre dos. El esfuerzo está destinado al trabajo o los estudios, el pegamento que une nuestras relaciones es la comprensión, la compasión y la empatía y esto está guiado por el corazón.

Cuando empiezas a esforzarte en la relación empiezas a desconectarte de ti y si estás desconectada de ti, ¿cómo vas a conectar con el otro? Es imposible. Y, ¿cómo vas a estar cerca de ti sino escuchas tu corazón?

En muchas ocasiones en la consulta alguien me dice “el corazón me dice que vaya con ella, pero mi cabeza me dice que no”. Aquí sólo habla la mente. Si te alejas de ella sentirás una angustia que crees que no podrás soportar. Pero si estás con ella no te sientes atendido ni reconocido y por lo tanto también angustiado. ¿Dónde está el corazón? No te engañes, aquí sólo hay miedo. Cualquier decisión se vuelve muy difícil porque anticipas angustia en ambas. Y si hay angustia, no hay corazón.

Lo que te anima a unirte a una persona con quien te sientes angustiada, no es el corazón, es el miedo, el cuerpo del dolor del que habla Tolle. Es la voluntad de tu mente de aferrarse a lo conocido aunque eso cause dolor. Una relación no puede ser fruto de esfuerzo y tampoco de sufrimiento. Un corazón que ama está alegre y libre de miedo.

La literatura romántica nos ha vendido la idea que podemos morir de amor. Pero es mentira. Nunca ha muerto nadie de amor. Como mucho, habrán muerto del miedo, el miedo a sentir que no va a ser capaz de sostener la separación, pero es sólo un miedo. Ni existe un solo amor en la vida ni hay amores que matan, a veces, nos dejamos matar por el miedo, que es diferente. Pero puedes sostener el dolor de la separación y usarlo para acercarte a tu corazón.

Siempre escuchar al corazón

Mientras que en la mente está el miedo, en el corazón está el amor. El amor no es una conducta dependiente. El amor es expansivo, luminoso. Es como el Sol que baña todo lo que se encuentra a su paso sin necesidad de pedir explicación a las montañas por las sombras que él mismo produce. Sólo brilla.

Tu corazón late. Bombea la sangre hagas lo que hagas del mismo modo que emana amor. Sólo que tu mente asustada a veces rompe el circuito expansivo del amor.

¿Cómo escucho a mi corazón entonces? Recoge el áncora y suéltate a la vida. Entrégate al placer y al dolor, a sabiendas que podrás sostener todo lo que suceda. La meditación es un buen método para acercarte al amor.

No se trata de que elijas con quien quieres estar, se trata de que elijas cómo te quieres sentir y esto responderá a la pregunta: ¿con quién? La mayoría de personas responden al revés, primero con quién y luego, como si intentaran calzarse un zapato tres números más pequeño, se esfuerzan para sentirse de la forma en que quieren sentirse con la persona que han elegido. Invierte el orden, primero elige cómo quieres sentirte y luego acércate a aquellos que te hagan sentir así. No confundas la dependencia mental, con escuchar al corazón. Tu corazón siempre te va a animar a actuar con compasión, empatía y vulnerabilidad. Primero contigo, luego con el otro.

Si consigues estar cerca de tu corazón, te darás cuenta que la gran distancia se convierte en un hermoso camino de ida y vuelta.

Más en mi libro El viaje de Hermes.