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Me perdono

Me perdono

Tanta crueldad acumuló

por su incapacidad en decir:

“ME PERDONO”

#nanorrelato

Creo que vivimos en la sociedad de la exigencia. Debes tener un cuerpo perfecto, conocer un montón de idiomas, tener grandes habilidades sociales, capacidad para mediar, tener un gran vigor sexual, autorealizarte en el trabajo y hasta tomar batidos verdes todas las mañanas. Esto ya no son decisiones, se han convertido en una especie de obligaciones si queremos “vivir correctamente”.

No tienes ni tan siquiera derecho a enfermar. Seguro que encuentras una teoría pseudocientífica que te culpabiliza de tu estado de salud. Creo que con todo este movimiento lleno de exigencia hemos abandonado la culpa cristiana basada en una moral determinada para abrazar la culpa neocon, donde todo lo que te pasa es por tu culpa. El sistema que nos rodea, las injusticias sociales, la lucha por los derechos no son importantes. Lo importante es cómo te tomas lo que te pasa. Y aquí, algunos determinados tipos de coaching se han convertido en la nueva religión.

Si te desahucian y esto te genera grandes niveles de ansiedad es importante que trabajamos la ansiedad. ¡¿Cómo?! Si tienes un trabajo que no te permite llegar a final de mes, es mejor que cambies la perspectiva de tu vida. ¡¿Cómo?! Y si aquellos que superan un cáncer son unos luchadores, ¿los que no lo superan qué son? ¡¿CÓMO?!

Quizá hemos perdido la perspectiva de la realidad. Quizá hemos olvidado que somos únicamente humanos. Como siempre digo, el crecimiento personal no es posible sin un crecimiento colectivo. Estamos en el momento social de mayor expansión de lo egoico. Esto tiene cosas maravillosas ya que nos permite autorealizarnos y explorar nuestras potencialidades como nunca. Pero esto también genera una gran sombra. Nos olvidamos que somos fruto de la interrelación con los demás y que nuestra búsqueda de amor (en forma de reconocimiento, de hacer un buen trabajo, de soberbia,…) se acaba convirtiendo en una arma de doble filo. Cuando crees que algo es escaso, competirás para conseguirlo. En este inicio del siglo XXI mucha gente se ha creído que el amor es escaso y por eso crean las circunstancias condicionadas para competir por él.

Esto nos ha llevado a tejer relaciones basadas en un amor absolutamente condicional. En que des la razón a mi ego, en que valores mi cuerpo, en que seas exclusivo conmigo. Pero el amor es expansivo y está basado en la humildad. El amor no se compra, se construye.

No te puedes perdonar, ni te podrás perdonar, si continuamente te estás exigiendo. Si no permites el error como parte del aprendizaje, si crees que el amor es condicionado y escaso. Si compites por la atención en vez de compartirla.

Proliferan los libros de autoayuda que alimentan los egos de forma vacía. Que hacen creer a todo el mundo que son seres únicos y los endiosan, provocando que se separen aun más de la gente de su entorno. Y paradójicamente, obligándolos a ser emocional y espiritualmente perfectos. Hay muchas religiones que consideran que Dios se expresa a través de ti, y eso te convierte en parte de Dios, no en el Dios. Creo que el matiz es muy importante.

Sentir que somos dioses y parte de la vida no tiene que ver con ubicarnos en la soberbia sino en la humildad. No es sólo responder a la pregunta “¿Qué quiero de la vida?” sino ubicarte en la cuestión “¿Qué quiere la vida de mi, expresándose a través mío?”

Proponte aquellos objetivos que creas que te van a hacer feliz. Claro que sí. Pero no olvides, que tu nunca tendrás el control absoluto de su cumplimiento. Y eso no creo que sea excusa para abandonar la meta, sino para disfrutar en el proceso de acercarte a ella. Por el contrario, exigirte un buen resultado o el cumplimiento del objetivo, puede crearte tanta tensión interna que te impida avanzar y te dediques a criticar aquellos que lo hacen. Te vuelve cruel, contigo y con el otro.

Por eso, todos los errores que cometas serán parte del camino y si has aprendido a disfrutarlo podrás perdonarte con facilidad. Ningún paso que das es en singular, todos son en colectivo. Y tu paso, me ayudará a llegar más lejos a mí. Tu error me va a enriquecer, nos va a enriquecer.

Por eso, me reconozco como humano, limitado, cometiendo errores, avanzando y retrocediendo. Acercándome y alejándome de los demás. Completamente fiel e infiel al otro. Contento y triste. Con ganas y apático. Reafirmándome en todo lo que he escrito y tal vez arrepintiéndome.

Lo que si tengo siempre claro, cuando me descubro sin perdonarme, es que la soberbia me aleja de mi, de ser humano y de lo más importante en este mundo: la humildad conmigo, la humildad con los demás y la humildad con el mundo.

Por eso, hoy, ahora, me perdono.

Más en mi libro “El viaje de Hermes”.