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Ecos del pasado

Después de unos años sin pisar tus calles he decidido volver ahora, en setiembre. Mi vuelta ha sido premeditada y elegida en un mes en que la soledad ha empezado a secuestrarte.

Al llegar me encontré de nuevo con ese cartel hortero que desde hace ya unos cuantos años anuncia que alguien se entrega a ti: Villores. Encontrarme con la pequeña piscina que hay en la entrada, el parque y la calle que marca el inicio de tu núcleo urbano. Sólo eran casas, puertas y asfalto. Pero para mí mucho más: un símbolo.

Un nudo me cierra el estómago. No sabría describir que emoción se encargó de ello: la nostalgia, la alegría del reencuentro, la pena de verte tan vacío. Bajé la ventanilla del coche a ver si de nuevo podía oler a ti, oler a albahaca fresca. Pero no, ya no olías a albahaca.

Lo curioso es que encontré precisamente lo que consciente o inconscientemente andaba buscando. Pude ver como las calles seguían en su sitio, pero ya no eran pisadas por las mismas personas. Y pude verme a mí, corriendo y riendo, dejándome poseer por tu espíritu, preocupado únicamente en escuchar las campanas que me indicaran la hora para llegar a casa y encontrarme la comida en la mesa. Sin embargo, esta vez las campanas sólo iban a indicar un número.

Me fui a pasear por tus calles y a dejarme secuestrar por ti, sin embargo, me secuestró mi pasado. En cada rincón me encontraba a mí, a mi gente, a la gente de mi pasado: riendo, haciendo alpargatas, cotilleando. Y de golpe se esfumaban y me encontraba a solas, con la única compañía del recuerdo.

Creo que no es posible avanzar sin honrar y agradecer lo vivido. Y necesitaba hacerlo contigo. Después de unos años sin pasar por aquí, necesitaba venir a verte y encontrarme con mi pasado. Un tiempo que se fue para no volver.

Camino a la fuente me acercaba a tus muros y ya no los veía tan altos. Curioso, aquellos muros entonces imponentes ahora sólo marcaban los límites del camino. Camino a la fuente, una vez, en medio del barro, empecé a hundirme, yo creí que iba a desaparecer y mi padre me levantó en brazos, como un súper héroe. Qué rápido acabó el peligro. Pero ahora, ahora soy yo el que tiene que levantarse a sí mismo si se queda atrapado entre el barro.

Nunca imaginé como iba a ser de mayor. De pequeño te parece que está tan lejos, es como si fueras a ser siempre un niño y, que nunca pudieses ser tan grande como tus padres. Y ahora que soy tan grande como mis padres entonces, mi niño no puede creer que el tiempo haya pasado tan rápido.

Y pienso en los otros niños, en esos que sienten que siempre va a ser así y me alegro. Y pienso en cuando mis abuelos hablaban de cuando eran niños como si fuese ayer y a mí me parecía que hablaban de otro mundo porqué ellos siempre habían sido grandes. Y ahora los entiendo.

Y no miro el pasado pensando que era mejor que el presente. Miro el pasado pensando que no me enteré de que el tiempo iba tan rápido hasta ahora. Y la nostalgia me da alegría, alegría de que lo que viví en estas calles, en el Planet, en la Bassa o en les barreres me hiciera tan feliz y me pareciera tan eterno.

Fui feliz, soy feliz y seré feliz. Así lo elegí y así sigo eligiéndolo. Me duele sentir que todo pasa tan rápido pero me gusta darme cuenta que estas son las normas. Para mí, para tod@s. La vida es tan efímera y tan bonita. La infancia y la adolescencia (afortunadamente) se fueron para siempre. Y lo mismo sucederá con la adultez.

Me da pena que ya no huelas a albahaca. Pero seguro que el tiempo te ha traído nuevas fragancias y nuevos pies para que pisen tus calles.