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Culpa y autocompasión

María lleva mucho tiempo con su pareja pero siente que ya no está enamorada. Hace tiempo que se plantea la idea de dejar la relación pero esto le genera tanta culpa que no se atreve a dar el paso. Él la quiere mucho y ella se ha sentido muy cuidada en esta relación.

Es curioso descubrir que hay personas que sienten culpa muy a menudo mientras que para otras es algo anecdótico. Algunos autores consideran que es un sentimiento que no conduce a nada, otros que depende y finalmente existen autores que la consideran buena. Un ejemplo es Gilbert (2016) que cree que es necesario que en determinadas ocasiones puedas sentirla y así rectificar tu comportamiento para evitar que pueda dañar a otros.

Pero, ¿entonces la culpa es buena o mala? Si me has leído en otros artículos o me conoces personalmente sabrás que soy muy poco amante de considerar algo bueno o malo. Me gusta más hablar, tomándolo prestado de la tradición budista, de torpe o sabio.

Entonces, ¿la culpa es un sentimiento torpe o sabio? Ni torpe, ni sabio. Es un sentimiento que puede tener que ver con lo que está sucediendo en el presente o con aspectos que se reabren del pasado. María siente culpa por tomar una decisión que va a dañar a otra persona, pero si no la toma, se va seguir dañando a ella y a la larga también a la otra persona. María está atrapada, haga lo que haga va a acabar dañando a la otra persona y frente a esta situación se siente angustiada.

Ay María…cuánto me gustaría que fueses a tu esencia, que explorases en tu verdad. Puedes sentir culpa por la decisión que tomes, pero no por aquello que sientes, ya que no es elección tuya.

La verdad a veces es dolorosa, pero siempre será liberadora para ti y para el otro.

¿Cómo puedes ser compasivo/a con tu culpa? Algunas personas creen que ser autocompasivo quiere decir no sentir cosas angustiosas, entonces consideran que ser compasivo es dejar de sentir culpa. No es así. La compasión es dar permiso para sentir aquello que está aconteciendo.  Si intentas no sentir culpa, esta crecerá, por lo tanto date permiso para sentirte culpable y usa ese sentimiento para actuar de la forma más sabia que puedas. Reorganiza tu actuación y transforma toda esa energía a tu favor. ¿Cómo lo puedes hacer?

En primer lugar, todos nosotros, yo el primero, enloquecemos por tratar de ser lo más coherentes posible y nos olvidamos, te olvidas, que el ser humano es contradictorio y que parte de tus dificultades internas tienen que ver con sentimientos contradictorios y con la necesidad de quedarte con sólo uno de ellos. Reconoce la diversidad interna en ti y, reconoce también, que en ocasiones piensas o sientes dos cosas al mismo tiempo. La culpa refleja esto perfectamente.

María se debate entre dejar a su pareja y mantenerse con él. Una parte de ella siente que por gratitud debería quedarse y otra considera que tiene que irse. Ambas se enfrentan y acaba tomando la decisión de irse pero al mismo tiempo sin querer irse y así, siente culpa.

Ser compasivo/a con la culpa es permitirte sentir ambas sensaciones. Quiero irme y quiero quedarme contigo. Me voy queriendo quedarme o me quedo queriendo irme. No es posible hacer las dos cosas al mismo tiempo, pero me encantaría. Así que doy permiso a sentir la angustia de la decisión tomada y de la pérdida de la otra alternativa.

En otras ocasiones, la culpa es un indicador de que aquello que hemos hecho daña a otra persona o no está socialmente bien visto. Esta culpa nos ayuda a tener una actitud más prosocial. Si yo golpeo a alguien, es posible que luego me sienta culpable ¡bendita culpa!

Imagínate alguien infiel. Quiere estar con su pareja y al mismo tiempo quiere tener una aventura fuera de la relación sin que esté acordado. Actúa y siente culpa. Si es tu situación, ¿qué puedes hacer con la culpa? Primero date permiso para sentir dos cosas al mismo tiempo. Quieres tener esta aventura y no quieres tenerla. No pasa nada, a mucha gente le sucede esto. Luego negocia con estas dos partes enfrentadas en ti.

El problema no está en sentir culpa, sino en creer que la culpa es el problema. La dificultad radica en una relación interna abrupta. Si consideras finalmente, que tu actuación daña a algo o alguien, ponte un castigo. Créate una condena, pero deja de torturarte.

Recuerdo una persona que me decía: “yo fui infiel a mi marido hace muchos años y él me lo saca en cada discusión, le he pedido que, por favor, me sea infiel de una vez y quedemos empatados, pero no puedo soportar que continúe sacándolo en cada discusión”.

Una culpa mal gestionada te puede llevar a la sumisión frente a otros. Es a lo que Myss (2006) llama la herida de la víctima. Aquellas personas que generan culpa a su alrededor de forma manipulativa para conseguir lo que desean. Una vez fueron heridas, y desde entonces, encuentran ocasiones para usar esa herida para sus propios intereses.

Entonces, y de forma resumida:

  • La culpa no es una sensación mala, pone en evidencia una contradicción interna entre lo que quieres/querías hacer y lo que debes/debías hacer. ¿Puedes dar permiso a la contradicción?
  • La culpa puede avisarte que hiciste algo que socialmente no es indicado, te puede ayudar a rectificar una conducta.
  • Si ves que se enquista, ponte una condena y deja de torturarte.
  • Ser compasivo con la culpa no es evitarla o creer que no debes sentirla, sino notarla y permitirle estar allí aprendiendo aquello que te pueda enseñar y desechando lo que no. Al final es sólo una sensación a la que si das su espacio crecerá y luego disminuirá, como todas.

María va a tener que permitirse sentir la culpa de dejar a alguien a quien una parte de ella no quiere dejar porque siente una inmensa gratitud. Quizá puede tratar de experimentar la gratitud inmensa al mismo tiempo que suelta aquello que ya no puede mantener.

Si quieres saber más sobre culpa:

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Gilbert, P. (2016). Terapia Centrada en la Compasión. Características Distintivas. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Myss, C. (2006). Anatomía del espíritu. Barcelona: Zeta.