Cultivar la alegría I

“(…)Defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos(…)”

Mario Benedetti

Hoy me apetece dedicar esta entrada a una de las cuatro emociones básicas: la alegría. Más adelante lo haré a las otras tres emociones: el miedo, la rabia y la tristeza. Todas ellas son importantes y tienen su función en nuestra vida, todas ellas, nos ayudan cuando las usamos de forma sana y nos pueden provocar malestar cuando actúan en momentos que no deben.

En su primera acepción, la RAE define la alegría como “el sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores”. Pero, ¿cómo podemos sumergirnos en ese sentimiento? Si te pido que hagas un pequeño repaso mental a la gente de tu entorno y que pongas atención en su alegría quizá te sorprendas. ¿Puedes darte cuenta como hay gente que habitualmente está más alegre y otra que en pocas oportunidades la veras sonreír? Fíjate en sus características. ¿Tiene más motivos externos de alegría la que ves alegre? En ocasiones si, otras no. Yo aun no he viajado a la India, pero tengo amigos que lo han hecho y todos me destacan la alegría que desprenden algunos de sus ciudadanos, a pesar de vivir en un nivel de pobreza y de dificultad mucho mayor que el nuestro. ¿Cómo es posible, qué con menos motivos aparentes tengan más alegría que otras personas que aparentemente lo tienen todo? Por otra parte también puedes decirme, “hombre, yo conozco gente que no es muy alegre, pero es que le pasan cosas muy tristes habitualmente”. ¿Le pasan cosas tristes habitualmente porqué no ha conectado con la alegría o no ha conectado con la alegría porqué habitualmente le pasan cosas tristes? El orden es importante aquí, ¿estás seguro de poder responderme?

Y es que la alegría depende sobre todo de ti, más que del entorno, la alegría depende de algo tan simple y tan complejo, como tu decisión de estar alegre.

Te podría hablar también de los beneficios físicos de esta emoción, pero estoy seguro que ya los has podido disfrutar por ti mismo. Recuerda el último momento en qué te sentías alegre (espero que no tengas que pensar mucho). Cómo te sentías físicamente, ¿te dolía algo? ¿Cómo era tu humor? ¿Cómo te relacionabas con los demás? ¿Cómo te afectaban las dificultades? ¿Cómo sentías tu cuerpo?

En el tiempo que llevo trabajando como coach he podido ver como a mucha gente conectar con la alegría interna le ha acercado circunstancias externas propicias. Es decir, primero venia la alegría, y luego las circunstancias que la ayudaban a mantenerla. También es un buen antídoto contra el miedo irracional, la alegría aporta valentía, coraje y te une a tus principios y valores de forma más fácil. La alegría te aumenta la autoestima y te une a los demás.

Y fíjate que te hablo de alegría,

que no de felicidad, aunque te lleva a ella.

Fíjate que te hablo de alegría,

que no de gozo, aunque te lleva a ello.

Fíjate que te hablo de alegría,

que no de risa, aunque vienen de la mano.

Fíjate que te hablo de alegría,

que no de amor, aunque está llena de ello.

Esto está muy bien, pero ¿qué puedo hacer para conectar con esa alegría? A esta pregunta respondo mañana en el blog, mientras cuéntame tu. ¿Cómo vives la alegría?

Un alegre abrazo virtual,

Isaac

http://www.youtube.com/watch?v=ELl2oQgGRq4&feature=related

Isaac Palomares

Psicólogo sanitario (número de colegiado 24.677) y tengo una experiencia de 15 años dedicándome a la relación de ayuda. También estudié coaching y periodismo.

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