La agresividad disfrazada de falso amor

Los extremos de una conducta asertiva son la agresividad y la sumisión. Es fácil detectar una conducta agresiva al uso: mirada desafiante, tono de voz amenazante, gritos,… Pero a veces, la agresividad va disfrazada de falso amor. El mensaje implícito de una conducta agresiva es «yo NO respeto tus necesidades», y para eso, como he dicho, no siempre es necesario gritar u ordenar de forma explícita.

Hay un tipo de agresividad con el que es más difícil de lidiar. Es aquella que se disfraza de falso amor. Júlia le dice a Juan «eres tan generoso y bueno siempre conmigo, he pensado que podrías llevarme en coche hasta el trabajo». En esta situación, ¿Juan tiene posibilidad de decirle que no a Júlia? Frente a un mensaje manipulativo, donde se usan los cumplidos como cadenas para que alguien actúe según las necesidades de otro, es más difícil poner límites que frente a una simple orden o amenaza.

Este es un halago envenenado, ya que si Juan no acepta, deja de cumplir con la imagen que Júlia ha proyectado en él y a todos nos gusta ser aceptados y queridos, por eso podemos caer con facilidad en esta trampa, que el otro, conscientemente o no, nos pone.

Marcos le dice a su hermano «Tío, eres un crack de la informática, que bien se te da, ¿me puedes arreglar el ordenador?» Andrea le dice a su amiga, «¿Sabes por qué te quiero tanto? Porque sé que nunca me vas a dejar colgada – y al cabo de un rato continúa- el sábado puedes decirle a mi madre que voy a ir a dormir a tu casa, es que he quedado con mi novio».

Frente a estas situaciones podemos ser asertivos. Juan le puede decir a Júlia «gracias, me gusta que me veas como una persona generosa, hoy no voy a poder llevarte, pero me encantaría que me siguieras viendo con esos ojos». El hermano de Marcos le puede contestar, «voy liado con el trabajo, pero me encanta que valores mi vocación». La amiga de Andrea le dirá de forma asertiva «yo también te quiero y te siento cerca. No le voy a decir eso a tu madre porqué me sentiría mal conmigo».

El afecto entre las relaciones personales no puede estar condicionado a determinados favores, si es así, lo que rige esa relación no es afecto sino interés. Al final, la mejor manera de fortalecer una relación es poniendo límites. Si respetas mis límites, me respetas a mí, respetas a la relación y nos podemos encontrar más cerca. Si no das importancia a mis necesidades, no me respetas a mí ni a la relación, y, ¿para qué voy a mantener una relación en la que no hay respeto?

Los límites son un acto de amor.

Isaac Palomares

Psicólogo sanitario (número de colegiado 24.677) y tengo una experiencia de 15 años dedicándome a la relación de ayuda. También estudié coaching y periodismo.

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