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Negacionistas y vulnerabilidad en la COVID’19

El otro día se manifestaron miles de personas en Madrid negando la necesidad de usar mascarillas e, incluso, algunos gritaban que la covid’19 no existe. En los últimos años han crecido un gran número de teorías diversas dispuestas a revisarlo todo. Esto es bueno, poner en duda lo que hemos creído hasta ahora y así, como decía Stuart Mill, reforzar nuestras propias creencias o cambiarlas. Sin embargo, también es muy peligroso porque nos puede llevar al relativismo absoluto, a considerar que todas las verdades están al mismo nivel. Y no es así.

Últimamente puedo leer entre mis contactos en las redes sociales la reivindicación de una actitud crítica frente a la situación que estamos viviendo. Pero, ¿qué es ser crítico? ¿Desconfiar de todo lo que no puedo ver con mis propios ojos? ¿Poner en duda todo lo que no puedo tocar? Esto sería una locura, sería como pensar que en los últimos años han desaparecido los accidentes de coche porque no conozco nadie que haya muerto en uno, o que va a ganar el partido político más cercano a mis pensamientos porqué la mayoría de gente con la que me muevo piensa parecido a mí.

Ya pasó con el VIH, también aparecieron las teorías negacionistas que provocaron el abandono de la medicación por parte de algunos pacientes conduciéndolos a una muerte segura. Y es que la desinformación puede llegar a provocar mucho dolor.

En este artículo me gustaría reflexionar alrededor de la vulnerabilidad del ser humano, de la ciencia y de las teorías negacionistas del COVID’19.

Este virus nos ha puesto de forma evidente la vulnerabilidad humana en frente, nuestra propia vulnerabilidad, por primera vez en décadas, en el acomodado mundo occidental nos encontramos en una situación fuera de control, donde las autoridades no saben como reaccionar, las consecuencias son imprevisibles y nos movemos en a una incertidumbre colectiva sin precedentes. Frente a esta vulnerabilidad colectiva las personas actuamos neuróticamente como habitualmente hacemos frente a la individual:

– Buscar protección confiando ciegamente en la autoridad competente, ya sea una persona o una norma. Una actitud sumisa en busca de cuidado.

Negarla, que es una forma de evitación de la sensación producida por ella. Una actitud soberbia frente a la vida que esconde un profundo temor.

En el primer grupo nos encontramos con personas que se someten a los dictados de la autoridad sin cuestionarla, entre los que están aquellos que salían a insultar por el balcón las personas que veían por la calle. En el segundo grupo nos encontramos los que piensan que nada de esto existe y que es un invento de los gobernantes para controlarnos. Es mucho mejor pensar que detrás de los dirigentes hay una voluntad determinada (eso los convierte en seres poderosos y conscientes de lo que hacen) que pensar que son tan vulnerables como nosotros y esto les lleva a actuar con incompetencia. Prefiero un padre autoritario contra el que poder revelarme que uno incompetente que no sepa lo que está haciendo, ya que eso inciden más sobre mi sensación de vulnerabilidad.

Al final, si nos ubicamos en el análisis transaccional podemos ver dos reacciones surgidas desde el niño sumiso (la primera) y el niño rebelde (la segunda), frente a un padre estado al que hay que seguir a pies juntillas o rebelarse.

De modo que, tanto una reacción como otra nos infantiliza. El movimiento adulto en este caso, consiste en poder ver la realidad y analizarla. En ser crítico, pero no con los que piensan diferente a ti, sino con los que piensan como tú. Se trata de buscar información que vaya en contra de lo que piensas, no a favor. Sin embargo, la actitud habitual es buscar aquella información que refuerce tu pensamiento, de modo que cada vez te radicalizas más. Y en este movimiento de radicalización necesitas crear un otro para así reforzar el nosotros. Y esto se convierte en una lucha de nosotros vs ellos. Los que tenemos la verdad frente a los que la desconocen y hay que iluminar.

En una sociedad protagonizada por internet y las redes sociales los bandos se radicalizan cada vez más. Y eso me incomoda, yo, que como sabes soy un rarito místico entre los científicos y un escéptico entre los místicos, siento que en ocasión me cuesta ubicarme entre tanta determinación. De hecho, escribo esto, además de para compartirlo, para no perderme de mí con tanto ruido.

Analfabetismo científico

La mayoría de personas que conozco críticas con el pensamiento científico no tienen idea de como funciona. La fuerza de la experimentación científica es su replicabilidad, es decir, que garantiza que si haces ese experimento siguiendo la misma metodología vas a obtener los mismos resultados. No puede haber nada más democrático que esto. Si desconfías de alguna evidencia científica puedes ponerla a prueba tu mismo. No es un dogma ni algo lejano que nos dicen que hay que creer. De hecho, una vez generado el experimento se escribe lo que se conoce como “paper” en la comunidad científica que es una especie de receta de cocina del experimento, donde explica los resultados y exactamente la metodología usada para que tu puedas repetir el experimento. Para poder experimentar no necesitas ser una farmacéutica, solo crear una investigación que siga el método científico y probar tu hipótesis. Obviamente no es sencillo, no es tener una opinión, es probarla y compartir la receta para que cualquier persona pueda también ponerla a prueba y obtenga el mismo resultado.

Por este motivo, una opinión personal no está al mismo nivel que una evidencia científica. Aceptar el método científico no quiere decir perder la crítica hacia él. Hay variables experimentadas que son muy difíciles de controlar y la intención del investigador puede influir en lo investigado. Gracias a esta rigurosidad el método ha conseguido hacerse un lugar destacado en la manera de medir el mundo actual. Ha conseguido prestigio.

¿Eso quiere decir que solo el método científico es válido? No. Yo, desde mi vertiente espiritual siento muchas de mis creencias como parte de mi propia verdad. ¿Son científicas? No, ni tengo necesidad de que lo sean. Yo amo a mi madre y esto no es científico, por mucho que podamos comprobar las hormonas que se despiertan en mí cuando la veo. Ni necesito que lo sea. La creencia en Dios no es científica y mueve montañas, no es necesario buscar a todo una explicación científica. Pero lo que no podemos hacer es, usar el prestigio del método científico para refugiados en él y decir cosas que no tienen evidencia. Aquí está, para mí, el gran error. La espiritualidad no necesita ser contrastada científicamente y por eso no tiene porque perder importancia. Es la introspección o la reflexión individual lo que nos conduce a ella. El problema radica cuando, usando supuestas teorías de física cuántica sin validez científica intento darle una validez que no tiene. Imaginate que tienes una tía con mucho prestigio dentro de tu familia, cada vez que habla la gente la escucha. Ahora cuando tu dices algo, en vez de considerar que es tu opinión, dices que lo ha dicho tu tía y consigues ser escuchado. Lo que estás haciendo es mentir para que tus pensamientos sean escuchados.

Que no tenga evidencia científica no quiere decir que no pueda serte útil o esté bien para ti. La homeopatía no tiene evidencia científica y a mi me ha servido, ¿placebo, utilidad real? No lo se, ni me interesa. Mentir sería decir que tiene evidencia científica sin mostrar los estudios que evidencian su capacidad de curar. Pero a mí me ha funcionado. Por eso, para mí está bien. No me digas que tiene evidencia científica si es mentira, ni quieras prohibírmela por no tenerla.

Todo lo que el método científico pruebe para mí es sagrado. ¿Sabes por qué? Porqué quiere decir que yo también podría, siguiendo la receta aportada, encontrar los mismos resultados. Pero también creo en muchas cosas que están fuera de la evidencia científica y no necesito que formen parte de ella. Pero lo que no hago es decir que la tía ciencia dijo una cosa que es mentira para aprovecharme de su prestigio.

Creo que los defensores del método científico a ultranza deben dejar de decir a aquellos que usan otras técnicas que no deberían hacerlo, del mismo modo que los que no usan el método científico deben ser trasparentes y no aprovecharse de un prestigio que no les corresponde. También me resulta difícil que alguien desacredite una teoría con evidencia científica basándose solo y únicamente en su opinión al respeto, o en la opinión de un numero de personas que puede estar influenciado por un montón de sesos cognitivos (los mismos que tanto cuestan controlar en el método científico y precisamente, lo que lo convierte en un método fiable y útil, su control).

Dicho esto, la COVID’19 existe y hay métodos que tienen evidencia científica en la reducción de la transmisión. Negar esto sin aportar pruebas es una actitud más propia del niño rebelde desde la perspectiva del análisis transaccional, que del adulto crítico. Y el problema no es pensarlo, el problema es poner en peligro al resto de personas por miedo a gestionar la propia vulnerabilidad.

Finalmente, me voy a mojar un poco más y voy a contarte lo que yo creo sobre estos aspectos:

Hay que vigilar de cerca las farmacéuticas, si, pero no porque creen deliberadamente enfermedades, no es necesario, vivimos en un mundo en constante movimiento que ya se encarga por si solo. Sino para poder garantizar el acceso de todas las personas a los avances científicos y que la salud no sea una cuestión de dinero. El problema con las vacunas no son ellas, sino el difícil acceso en los países en vías de desarrollo por su precio. ¿Tienen riesgos? Sí, pero mucho menos que subir a tu hijo en un coche. Y no conozco ninguna persona antivacuna que no lleve a sus hijos en coche. En el INE puedes comprobar cuantos niños murieron el año pasado en accidente de tráfico y cuantos a causa de las vacunas. ¿Por qué subes a tu hijo en coche y no quieres vacunarlo?

No creo que los gobernantes o las clases poderosas confabulen contra el mundo. Si difícilmente los vecinos se ponen de acuerdo en una reunión de edificio, me niego a creer que los poderosos tienen un entramado generado para conseguir sus planes. Otra cosa es que frente a las crisis sociales, busquen salir beneficiados a costa de quien sea y, además, si es posible sacar beneficio de ello. No tanto porque lo creen sino porque busquen aprovecharse de la situación de vulnerabilidad para reforzarse. Por eso es importante ampliar la regulación internacional.

– No creo que los gobernantes tengan un plan determinado para conseguir nada. Sencillamente a veces la realidad les supera y muestran una gran incompetencia. Como tu o como yo pero a otra escala. No se puede tener todo controlado y lo que en ocasiones algunas personas leen como intencionalidad es pura y dura incompetencia.

Somos seres vulnerables físicamente (expuestos por la COVID’19, la gripe, el cáncer, el SIDA, los accidentes de coche, los atentados terroristas) y psicológicamente (expuestos a rumores, miedo, dolor y dificultad). Solo una mirada amplia y humilde que nos acerque a los demás, nos permitirá evolucionar juntos. El cambio a la conciencia de segundo grado, como cuenta el filósofo Ken Wilber, no se consigue restando sino sumando, no se consigue contra el otro sino con el otro. No me creo a los que hablan de los demás como si no fueran también parte de sí mismo.

Creo en la ciencia como el método más eficaz para demostrar la realidad en la que vivimos y también pienso que hay cosas que no pueden ser explicadas desde ella ni es necesario. Que los negacionistas me mantengan despierto y los sumisos confiando, pero que ningún grupo me separe de los demás y mi adulto consciente me guíe en este camino que es la vida. Si has llegado hasta aquí, gracias.