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Suena a yo contra mí

“Otra vez,

la duda otra vez,

hacer o deshacer

amar o desamar

atar o desatar

querer o desquerer

Eso 

suena a deber contra placer

suena a obligación contra ilusión

suena a Goliat contra David

suena a yo contra mí.”

 

 

Somos frágiles. Tan frágiles que nos forjamos una coraza: de control o descontrol, de búsqueda o seguridad. Conocemos nuestra fragilidad externa, un simple lápiz puede dañar nuestra piel y hasta nuestro corazón. Pero ¿qué pasa con la fragilidad interna?

Cada vez que te aparece un “tengo qué” o “debo” la fragilidad hace presencia en todo su esplendor. Dejas de ser para adaptarte a ser, un ser junto o a una norma impuesta externamente. A veces, quizá has interiorizado tanto la norma que acabas creyendo que es tuya propia. Pero ¿quién es tu dueño?, de hecho, ¿te has dado cuenta de que tienes dueño?

Quizá tu trabajo, tus hijos, tu familia, tu miedo, tus obligaciones, tu fuerza, tus impulsos… Te rebelas cuando te das cuenta de que sigues de forma sumisa expectativas y realidades que otro forjó para ti. Te enfadas, te enfureces contra lo que estás haciendo y gritas hacia fuera BASTA. 

Pero no es suficiente, luego aparece la culpa y la angustia. Dejar de someterse a los patrones habituales genera angustia en forma de culpa, desequilibrio o descontrol. Pero ¿qué quieres tú? ¿Eres capaz de responder a esta pregunta? En el afuera no hay respuesta: hacia dentro, cada vez más hacia dentro. No hay más dirección.

Y entonces llega el precio. Es importante que no confundas libertad con gratuidad, nada está libre de sus consecuencias. La libertad es cara, no es alegría perpetua, es la responsabilidad de aceptar el precio de tus decisiones.

Cómo dicen Mallinger y De Wyze en La obsesión del perfeccionismopreguntémonos constantemente “¿qué quiero? Ante las cosas más insignificantes. No puedo garantizar una respuesta clara, pero es sorprendente la frecuencia con que empezará a suceder si se practica” (2019, ed. Paidós, p.127).

Así que yo te pido que compartas este artículo para ayudar a otras personas, pero, 

¿tú qué quieres hacer?

Te abrazo,