«

»

¿Crees en Dios?

El otro día, en medio de una sesión, una paciente me pregunto “pero, ¿tú crees en Dios?” Estaba algo sorprendida. Supongo que dije algo que a ella le llevó a pensar que sí y, siendo ella religiosa, se sintió sorprendida porque pensaba que no.

Habitualmente esquivo estas preguntas personales en medio de las sesiones, pero a veces, tocan agujeros propios que me sacan de mi estado de neutralidad y me generan movimiento interno. En esos segundos pasaron por mí un montón de pensamientos. “¿Le devuelvo la pregunta?, ¿le digo que si o que no?, ¿para qué me lo debe haber preguntado?, ¿mi respuesta nos puede distanciar?” Pero la más importante fue aquella que me desubicó. ¿Creo o no en Dios? Hacía mucho tiempo que no me lo preguntaba profundamente. 

Sentía que responder que sí me incomodaba, pero responder que no, aún me incomodaba más. En ese momento me salió un sí, sintiendo que no del todo, como me podría haber salido un no, sintiendo que un poco sí. 

Las personas tenemos sed de fe. No necesariamente fe religiosa, pero necesitamos confiar en algo o en alguien. Somos seres vulnerables y nuestra individualidad nos despierta la soledad. Hay gente que cree en una religión, en un Dios, en una construcción política, en un movimiento filosófico,… Pero, creo que para el desarrollo personal, es importante trascender lo individual y acercarse a lo colectivo. El drama de quedarte en lo individual es generar una sociedad narcisista, donde el yo pasa por delante del nosotros y los beneficios propios se convierten en lo único importante. Por otro lado, el drama de sobreidentificarte en lo colectivo es suprimir la libertad individual de los demás, creyendo que tu colectivo es el único que tiene la razón. Lo hemos visto en los diferentes movimientos religiosos a lo largo de la historia, pero también lo vemos en diferentes movimientos filosóficos que excluyen a quien no piensa del mismo modo.

El otro día publicaba un artículo sobre el ego. El ego también puede tomar forma colectiva, son aquellas historias que te cuentas sobre tu grupo y sobre los otros grupos. Cuando te rodeas de gente que te da la razón y acabáis considerando que solo tu modo de pensar es el verdadero, y desde mi punto de vista, la verdad es un tapiz hecho con un montón de historias opuestas.

Cuando era pequeño, mi abuelo me contaba que cuando iba a votar ponía todos los partidos políticos en el mismo sobre. Sabía que no servía pero era su forma de decirles “hablen, entiéndanse y cedan”. A mí me parecía absurdo, y ahora pienso tanto en sus teorías. Creo que cada vez me parezco más a él.

Desde hace años que he leído mucho sobre religión y filosofía budista. Me parece apasionante y también cargada de mitología. Hace unos meses, he tenido la necesidad de acercarme de nuevo al misticismo cristiano desde el catolicismo. He sentido y siento mucho rechazo hacia algunas actuaciones de la Iglesia Católica, pero también creo que con su nuevo líder espiritual, está acometiendo algunos cambios importantes. Si observamos las diferentes religiones, podemos ver en el Papa Francisco, la actitud más aperturista de los líderes espirituales actuales, incluso más que la del Dalai Lama, idealizado en occidente. Sus últimas declaraciones sobre las personas homosexuales, o sus demandas para poner atención entre los más vulnerables, nos hablan de una filosofía diferente a la que ha existido hasta ahora. Seguramente, tú y yo, pensaremos que insuficiente, pero sí diferente. Como dice James Martin en “Tender un puente”, el papa habla para todo el mundo, y lo que en Europa suena insuficiente, en algunos países africanos es una auténtica revolución. 

Podemos mirar a la religión católica desde todos sus errores y aquello que le falta. Podemos mirar a cualquier colectivo desde sus errores y aquello que le falta. Podemos mirar a cualquier persona desde sus errores o aquello que le falta. O podemos tener la mirada puesta en los esfuerzos de cambio y readaptación. 

Te cuento esto para mostrar que rechazar una corriente por aquello que no te gusta no solo daña el entendimiento, sino que te daña a ti porque te impide gozar de sus descubrimientos. Poder escuchar la música de quién piensa diferente o leer los libros de quién está en las antípodas ideológicas. No solo para criticarlo, sino para descubrir que parte de ti conecta con ello. Podemos ver los casos de pedofília de la iglesia católica o los párrocos que atienden a las personas sin techo. ¿Por qué tenemos que elegir entre el todo y la nada? ¿Por qué no podemos abrazar aquello que nos reconforta y pedir cambios en lo que sentimos una amenaza?

¿A caso renegamos de la ciencia por los horribles experimentos que hizo Hitler en su nombre?

Amo algunos aspectos de la filosfía y religión budista -como el concepto de compasión y cercanía a los seres sufrientes- , y detesto otros como el karma. Acercándome al misticismo cristiano he redescubierto el concepto de misericordia. En mi proceso de documentación descubrí un libro entrevista al Papa Francisco llamado “El nombre de Dios es misericordia”. Y me he dado cuenta que la religión budista no contempla el perdón de una forma tan poderosa como el catolicismo. La misericordia es acoger a aquellas personas que han “pecado” desde la perspectiva que Dios perdona a todo el que se arrepiente. Desde la religión budista, necesitas algunas reencarnaciones difíciles para aprender, en cambio, desde la religión católica, solo la voluntad de arrepentimiento. En este mismo libro, Tornielli dice “Dios perdona no con un decreto, sino con una caricia”. Esta frase me pone la piel de gallina. En otro artículo, si lo deseas, profundizaré en el concepto de misericordia. Sectores de la Iglesia han estado muy apartados de su propia filosofía, pero eso no significa que el mensaje, mal traducido por el mensajero, no sea precioso.

Hemos sufrido las consecuencias de las religiones, y también hemos abrazado sus beneficios. A veces, en sesiones grupales, observo como se critica de una forma feroz el concepto de Dios – y yo que sé que hay gente creyente – siempre animo a reflexionar sobre el respeto que esto merece. Las personas creyentes acaban mandándome miradas de complicidad. Y eso para mí es importante. Respetarnos y respetar, porqué la fe no es una creencia como cualquier otra, por eso está protegida por la Declaración universal de derechos humanos. En muchas ocasiones, no hemos sido respetados por las religiones, pero yo no quiero hacer lo mismo de vuelta, quiero respetar profundamente aunque a veces yo no me haya sentido respetado. Empezar un nuevo movimiento de entendimiento.

Ya sabes, que en mi incoherencia buscada, soy religioso entre los ateos y ateo entre los creyentes. Las religiones, en general, han sido especialmente crueles con el colectivo LGTBI. Creo que hay que seguir pidiéndoles movimientos en coherencia entre lo que dicen representar y su actuación, pero cuando un movimiento se da, celebrémoslo antes de pedir más. 

Me queda pendiente investigar sobre el Islam y el Judaísmo, y tengo muchas ganas de seguir descubriendo aquellas cosas que me puedan aportar. Descubrir la compasión budista y la misericordia cristiana han llenado mi corazón. Ojalá pueda seguir enriqueciéndome fruto de mis dudas. 

Dice el Papa Francisco “ Quien no cree en Dios no es que no crea en nada, pues empieza a creer en todo, busca la salvación donde puede”.

Sigo sin responderte si creo o no en Dios. Si después de leer el artículo lo descubres, cuéntamelo, me gustará saberlo. Lo que no tengo duda es que creo tanto en la gente que cree en Dios como en la que no. Y te voy a pedir un gran favor. ¿Puedes abrazar las diferentes corrientes espirituales, filosóficas o políticas como lo haces con tu hijo? Es decir, animando a cambiar aquello que no te convence, ilusionarte con lo que te gusta y soltar lo que no va contigo.