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“La dimensión de tu drama es proporcional al tamaño de tu ego”

Hoy estaba desayunando tan tranquilo cuando un amigo me ha mandado un meme con esta frase “la dimensión de tu drama es proporcional al tamaño de tu ego”. Me gustó tanto que decidí publicarla en mi Instagram y he empezado a recibir un montón de respuestas sobre ello (preguntas, cuestionamientos, descubrimientos,…) así que he decidido escribir un artículo sobre el ego.

En primer lugar, tengo que decirte que se me generaron un montón de dudas antes de publicar la frase. No porque no crea en ella, sino porque pensé que quizá era demasiado directa, pudiendo añadir dolor a esos egos ya heridos de por sí. Sin embargo, también pensé que podía ser una buena manera de ayudar a pensar y reflexionar sobre ello. Todo un discurso protagonizado por mi ego, que quiere ser reconocido continuamente como alguien sensible.

En segundo lugar, me gustaría definirte aquello de lo que hablo cuando nombro el ego. El significado original del latín es “yo” y coloquialmente lo usamos muchas ocasiones como sinónimo de narcisismo, -alguien que aparenta quererse mucho sin importarle el otro- sin embargo, desde una perspectiva psicológica e integral definiría el ego como la historia que te cuentas sobre ti y sobre lo que te pasa. Te generas una idea, un autoconcepto de lo que tu eres y de las vivencias que tienes.

Cuanto más te crees esa historia más grande podemos decir que es tu ego y más difícil el desarrollo y el cambio en ti. Cuanto menos te crees tu propia historia más liviano es el ego. Eso no quiere decir que el ego sea malo, como todo, en su justa medida es maravilloso. Necesitamos tener historias sobre nosotros mismos, creamos mitología y hasta rituales de nuestra propia vida, algunos nos potencian y otros nos limitan.

¿Qué pasaría si te dijera que todo aquello que crees sobre ti no es cierto? ¿Qué pasaría si te dijera que todo lo que piensas de tu relación de pareja es una historia bonita – o fea – que te has contado? Eso es lo que hace el ego, contar historias. Y no pasa nada, yo tengo historias sobre mí que me encantan y me las repito, otras que me hacen daño, y me las repito tanto o más como las primeras. El problema de estas historias no es crearlas, es creértelas, es pensar que es la realidad, es confundir el símbolo con lo simbolizado. 

Juan se siente bajo de ánimos constantemente, se critica y considera que todo le sale mal. Piensa que tiene muy mala suerte y ve con envidia la vida de otras personas. No ve posibilidad de que nada bueno le vaya a ocurrir en los próximos años. Está sumergido en el drama. Berta está habitualmente de buen humor, tiene éxito en su trabajo, se siente alegre y considera que es la envidia de mucha gente. Se mira en el espejo y generalmente se gusta, es optimista y cree que difícilmente le sucederán cosas malas porque está destinada al éxito.

Tanto Juan como Berta se han contado una historia sobre si mismos, eso es el ego. Cuando a Juan le pasa algo bueno, le quita valor, como no coincide con su historia no le da importancia y lo elimina. Cuando a Berta le pasan cosas difíciles intenta no prestarle atención, considera que no van con ella y también las elimina de sus historias. Sus egos se identifican con una parte de lo que han vivido y se condenan a seguir viviendo según la historia que se cuentan.

Me encanta las palabras que usa la terapia de aceptación y compromiso, un paradigma terapéutico con el que disfruto mucho trabajando. Habla de fusión o defusión. Un ego grande es lo mismo que un estado de fusión. Juan y Berta están fusionados con la historia que se cuentan de sí mismos -uno de fracaso y la otra de éxito- , mientras que lo opuesto es tomar perspectiva, generar un estado de DE-fusión, alejarte de la historia que te cuentas sobre ti, independientemente de si es buena o mala (al final es un juicio proviniente del ego).

En la consulta muchas veces podemos enredarnos intentando cambiar esa historia, ese ego, sin embargo, ya conocemos que aquello que intentamos eliminar se hace más fuerte. El trabajo no consiste en inventarte una nueva historia de ti, sino en tomar perspectiva y saber que tú eres lo que piensas de ti y muchísimas cosas más.

Piensas que eres un inútil. Pues sigue pensándolo, eso no quiere decir que tengas razón. Piensas que tu vecino es idiota, pues sigue pensándolo, tampoco quiere decir que tienes razón. ¿Qué pasaría si no te tomases tan en serio? ¿Qué pasaría si flexibilizaras la idea que tienes sobre ti tomando perspectiva?

Te animo a que hagas un sencillo ejercicio. Haz una lista de todo aquello que crees ser, y ahora busca sus antónimos. ¿Qué pasaría si te dijera que eres ambas listas? ¿Que eres todo lo que hay allí?

El trabajo para defusionarse del ego, es decir, para dejar de creerte que la historia que te cuentas es verdad, no es contarte una nueva más bonita, es observar como tu mente tiene capacidad de generar historias sobre ti.

¿Y cómo hacemos esto? Para ello necesitamos prácticas a medio camino entre la psicología y la espiritualidad como la meditación o el mindfulness. Si no consigues separarte de las interpretaciones que haces sobre ti y sobre las experiencias que te toca vivir seguirás fusionado a tu ego. Yo siento como las etapas en que he dejado de practicar mindfulness he perdido perspectiva y he vuelto a fusionarme con lo que pienso. Mientras que una práctica diaria de mindfulness me ayuda a distanciarme de mí mismo.

Si estás pensando que nunca conseguirás distanciarte de tu ego, que esto no va contigo, que lo que estás leyendo es una tontería o algo muy interesante, estás fusionado en este momento con tu ego. ¿Y sabes qué? No pasa nada, solo la conciencia de que lo estás haciendo te salvará de ti misma.

En ocasiones, puede ser más fácil distanciarse de un ego dramático que te hace sentir mal, que de un ego exitoso apoyado socialmente. Y aquí el peligro de la adoración social, son voces que refuerzan la fusión con tu ego e impiden tu trascendencia y evolución. Creo que por este motivo hay tantos artistas con vidas fatales. Se han acabado creyendo el personaje que construyeron. Y los demás lo aplaudieron.