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Hay personas con miedo a morir porque nunca estrenaron la vida

Cuando era pequeño, los reyes magos me trajeron un coche teledirigido. Yo estaba emocionado con ese juguete, me encantaba ver cómo desde mi mando a distancia el coche hacía lo que yo le pedía. Entonces vivíamos en una casa adosada, frente nosotros había campo, un espacio fantástico para sacar el coche. Pero nunca lo hice. Tenía un vecino muy bruto y sentía miedo que si le dejaba el coche lo acabase destrozando, tampoco me atrevía a decirle que no si me lo pedía. Nunca disfruté de ese regalo, de hecho, nunca lo acabé estrenando por miedo a que se estropeara. Creo que aprendí la lección.

Ayer, una paciente muy bonita me decía que por primera vez en mucho tiempo, el día antes de la vuelta al trabajo no había estado tensa ni nerviosa. Coincidía con que había aprendido a disfrutar más de su día a día. Estaba practicando mindfulness y el trabajo que habíamos iniciado estaba dando sus frutos. Había empezado a apreciar el momento presente, a disfrutarlo y a sentirse tranquila cada vez de forma más asidua. Esto me recordó lo que una vez leí “las personas que disfrutan de la vida tienen menos miedo a morir que aquellos que no la disfrutan”.

Es curioso, tenemos más miedo a perder aquello que no estamos disfrutando que lo que gozamos. En la consulta me encuentro con mucha gente angustiada por morir, sin darse cuenta que se le está escapando la vida entre todos esos nervios. Desde esta perspectiva entonces, ¿cómo te puedes enfrentar al miedo a la muerte? Viviendo la vida, disfrutando del momento, siendo consciente que se acaba, no puedes retener una vida que no te pertenece, porque la vida no es una posesión, es un estado temporal. Algo que empieza y que se acaba.

El miedo a la muerte te paraliza, te impide disfrutar y te hace pequeña. Cuanto más paralizada estás menos aprovechas la vida y entonces, el miedo a la muerte se hace más fuerte, al crecer tu parálisis se hace mayor. La espiral viciosa crece y tu, sin darte cuenta, acabas muerta en vida. La espiral inversa tiene que ver con el disfrute y el gozo. No des tantas vueltas a tu miedo a morir, no intentes controlar lo incontrolable. Tu miedo a la muerte es una alarma, algo que te indica que no estás usando la vida. Hazle caso, no al miedo, sino a la alarma. Cuanto más miedo aparezca, cuanto más fuerte la hipocondría, más debes preguntarte: ¿cómo puedo gozar de esta vida que ahora tengo? Cuanto más te diviertas menos importante será la muerte, y cuando llegue el momento, siempre podrás decir que aprovechaste tu tiempo, que gozaste, amaste y te divertiste. Que a veces lloraste y sentiste rabia, pero te secaste las lágrimas y relajaste los músculos para seguir gozando de esta oportunidad mágica que un día recibiste.

Y así con todo, las vacaciones, el fin de semana, los hijos, tu pareja, el viaje. Todo empieza y acaba, como dicen desde la filosofía budista, la impermanencia de todo cuanto te rodea. Cuando te descubras con miedo a perder algo pregúntate si lo que te pasa es que no estás sabiendo disfrutarlo. Cuando hemos gozado, paradójicamente no nos importa soltar. Lo disfrutado puede ser soltado con el agradecimiento de lo compartido.

No tienes un problema con la muerte, tienes un problema con la vida. Hay personas con miedo a morir porque nunca estrenaron la vida.

Te abrazo,