¿Puedes dejar de rechazarte?

Hoy quiero dirigirme a ti que te rechazas, sea cual sea el motivo. En primer lugar, me gustaría recordarte que no estás sola o solo. Todos nos rechazamos un poquito o mucho. Nuestro propio desarrollo como humanidad nos está llevando a mirar dentro más que hace unos años. Eso implica iniciar un viaje complejo donde la conformidad y la rutina van dejando paso al cuestionamiento más profundo.

Durante muchos años, se ha usado a Dios como elemento para reducir el autorechazo de algunos colectivos “Dios te ama” e intensificarlo en otros “irás al infierno”. Eso ha generado calma a algunos cgrupos sociales, como migrantes en situación de vulnerabilidad, pero ha condenado a otros, como personas LGTBIQ o mujeres empoderadas. Ahora, creemos que no tenemos un Dios con el que saldar cuentas, pero es mentira. La sociedad ha impuesto una especie de dios no nombrado que es el sistema social actual. Tu éxito social y profesional marca tu valía y, sin él, no mereces la “salvación”. Un bonito cuerpo, un gran discurso, muchos títulos universitarios o una gran carrera profesional marcan ahora tu conexión social. Sin embargo, cualquiera de estos logros externos no consigue aplacar el rechazo que puedas sentir. Es posible que albergues la esperanza de sentirte mejor cuando consigas pareja, el trabajo de tus sueños, unos pechos más grandes o la preciada realización. Pero es mentira. Tendrás unos instantes de satisfacción pero van a durar poco. Seguirás comparándote y buscando aquello que no te permite encajar, porque el problema no está en ti, sino en tu mente. En lo que crees que debes conseguir a nivel externo. Te olvidas que todo está bien en ti.

Cuanto más la intentas eliminar, más grande es la herida de rechazo y más la repites rodeándote de entornos donde esto se intensifica. Eso, te puede llevar a dos actitudes: puedes trascender la herida y volverte alguien acogedor con capacidad de aceptar a los demás; o puedes vibrar en el rechazo convirtiéndote en alguien rechazador. Muchas personas homosexuales, buscan apoyo en la comunidad gay y acaban encontrando un foco de mayor discriminación, cambian los motivos, pero no la sensación de exclusión. Algunas mujeres llevadas por su propia vibración de rechazo deciden excluir a las mujeres transexuales de su propia lucha o a las mujeres que no comparten exactamente la misma opinión. La discriminación, con discriminación se paga. Esto es muy doloroso, acercarte a tu propio colectivo y recibir más exclusión.

Como he dicho, existe otro camino que consiste en trascender la herida de rechazo. Para ello es importante hacer un trabajo de presencia. ¿Qué es aquello que rechazas de ti? Me encuentro con algunas personas en consulta que lloran contándome que se sienten malas personas. Yo, internamente y a veces externamente, siento que las abrazo, no solo a ellas, sino también a su autorechazo. La cura para esta herida es el acogimiento, una especie de presencia amorosa. En muchas ocasiones, siento que lo que más ayuda de mi forma de trabajar no es mi técnica, sino mi corazón abierto a recibir todo lo que la persona trae consigo. Sé también que hay pacientes que no pueden aguantar esa sensación, algunos no están aun preparados para una experiencia tan potente como la aceptación incondicional de todo cuanto acontece. De lo que la persona es, de lo que siente y hasta de su rechazo. Es dar la bienvenida a todo lo que existe para permitir que se transforme.

Desde mi punto de vista es un error terapéutico rechazar el rechazo, ya que se genera una paradoja que genera bucle. Es posible que sientas una gran resistencia. Tampoco te pido que ames esa sensación. Sino que desarrolles una actitud compasiva on el propio rechazo. Así empieza el trabajo. Todos queremos gustar a los demás, sentir que encajamos y formamos parte, además de ser vistos e integrados por un grupo que apreciamos. A veces no sucede, te excluyes y también te excluyen. Tenemos que aprender a convivir con ello. Las heridas de rechazo a veces son inmensas. Lo que te puedo decir es que cuando consigues trascender ese dolor, cuando consigues poner luz a la oscuridad interna, cuando por un instante dejas de sentir ansiedad al mirar hacia dentro, algo empieza a cambiar. Como cuando los rayos del sol empiezan a deshacer el hielo. El proceso es lento, solo quiero que sepas que:

Eres más que tu cuerpo.

Eres más que tu género.

Eres más que tu profesión.

Eres más que tu cuenta corriente.

Eres más que tu orientación sexual.

Eres más que tu situación familiar.

Eres más que tu rechazo.

Eres todo eso y mucho más.

Eres luz y oscuridad.

Sería tan bonito que pudieras acoger todo ese dolor como una madre acuna a un hijo en sus brazos. Tan bonito que un día dejaras de moverte en entornos donde te sientes rechazado, por dignidad, toda esa con la que fuiste creado. Quizá el primer paso, en vez de obligarte, frustrarte o enfadarte porque eso no ocurre, consiste en desearlo. Desearlo con todo tu ser. 

Te abrazo,

Isaac Palomares

Psicólogo sanitario (número de colegiado 24.677) y tengo una experiencia de 15 años dedicándome a la relación de ayuda. También estudié coaching y periodismo.

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