Divagar despierta la creatividad

Una señora de unos 60 años espera delante de mí a que el gestor de la oficina bancaria la llame. Se saca un abanico porque el aire acondicionado no es suficiente para calmar el calor que siente. Sujeta el bolso que tiene encima suyo como si tuviera miedo a que alguien se lo pudiese quitar. Mientras se abanica su mirada está perdida, pensando en algo que nunca sabré. De vez en cuando sonríe, otras parece que se le frunce ligeramente el entrecejo. Está claro que en su divagación mental hay un montón de ideas que vienen y van, se entrelazan y conectan o desconectan. 

Su mirada está perdida, señal de que ha desconectado del mundo exterior y su actividad principal sucede dentro de sí. Está como hipnotizada, lo que en mi adolescencia llamábamos estar empanada. A finales de los 90 eso era algo habitual. Recuerdo estar estirado en mi cama con un libro entre mis manos, sin aire acondicionado ni prisas,  dejando que una de sus escenas me desconectara de la lectura y se iniciara un viaje interno lleno de divagaciones. Otras veces era mientras escuchaba música que mi mente pensaba en cosas inconexas de las que sacaba ideas para hacer actividades, reír o incluso llorar. Esos pensamientos que se movían como un barco a la deriva podían suceder en cualquier otro momento: en la cola del super, en una clase aburrida o cuando los amigos hablaban de cosas que no me interesaban.

Ahora, todos esos momentos, esas pequeñas oportunidades para divagar, son ocupados por el móvil y frenamos la posibilidad de desarrollar nuestra creatividad. Kam e Irving, junto a un grupo de científicos, llevaron a cabo una investigación en 2021 que confirma los beneficios de soñar despierto. Si dejamos que la mente se mueva de forma natural, sin ser conducida por ningún pensamiento concreto, aprovecha para conectar ideas impulsando nuestra capacidad creativa.

Contemplo a la señora y recuerdo que pronto es el cumpleaños de mi madre, quizá podría comprarle un bolso como el que agarra con tanto ahínco, o mejor, la cadena dorada del bolso me recuerda que una pulsera puede ser mejor opción. Ver divagar a la mujer de delante de mí me ha llevado a soñar despierto y decidir el regalo de mi madre. Ha sido más eficaz que buscar en internet e ir encadenando enlaces.

Y me pregunto, ¿cuál es la última vez que divagaste? ¿Te das tiempo para ello? ¿Qué te aporta cuando lo haces?

El gestor de la oficina sale, llama a la señora y ocupa su asiento un chico de unos 30 años. Lo veo escribir apasionadamente en la pantalla del teléfono, pierdo el interés por él y me retiro un tiempo más a los 90, hasta que me toque ser atendido.

Te abrazo,

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Nunca uso historias personales de pacientes sin pedirles permiso, si te ves reflejado puede ser por casualidad.

Isaac Palomares

Psicólogo sanitario (número de colegiado 24.677) y tengo una experiencia de 15 años dedicándome a la relación de ayuda. También estudié coaching y periodismo.

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