No es el esfuerzo, sino el equilibrio

Esta mañana en clase de yoga estaba esforzándome para tratar de construir la postura que nos indicaba la instructora: talón izquierdo alto, pierna derecha aquí, izquierda allí, manos debajo de los hombros… Sentía la tensión de la posición y cuanto me costaba mantenerla, notaba mi rigidez y como de desagradable estaba siendo para mí estar a allí hasta que una voz dentro de mí tímidamente dijo: “no es el esfuerzo, sino el equilibrio”.

Era una voz familiar para mí, era el susurro de la sabiduría que me recordaba lo que no quiero olvidar: “no es el esfuerzo, sino el equilibrio”. Así que relajé la tensión física que sentía y reequilibré el peso de mi cuerpo, eso me ayudó a entrar en la postura sin esfuerzo, con mayor conciencia, gozando de notar como mi cuerpo trabajaba como una unidad completa. Ya no tensaba los músculos solo notaba como se expresaban. 

El susurro interno se convirtió en una voz empoderada, reforzada por la seguridad que da la evidencia de la experiencia y me repitió, con fuerza y seguridad: “no es el esfuerzo, sino el equilibrio”.

“Podéis ir deshaciendo suavemente la postura” dijo la instructora. Y yo deshice la postura pero mantuve todo lo que ese ratito conmigo, con mi cuerpo, me había regalado.

Una vez en casa, me puse a pensar sobre la dureza del esfuerzo y la suavidad del equilibrio. He funcionado durante mucho tiempo desde la inercia del esfuerzo, la exigencia y la presión que me infundía. No me puedo quejar, me ha dado buenos resultados pero, ¿a qué precio? El sufrimiento no es una moneda que quiera seguir pagando para mis próximos avances, prefiero ir más lento, poniendo conciencia a conseguir el equilibrio en mi cuerpo, en mis relaciones, en mi trabajo, en mi vida…

El equilibrio tiene un efecto mágico sobre las personas: les permite avanzar sin forzar y mejorar sin castigarse, es un acto de respeto absoluto. Los objetivos que te propones no fracasan por falta de esfuerzo o fuerza de voluntad, sino porque has creado un desequilibrio forzándote más allá de lo que podías mantener. Cuando empiezas una dieta restrictiva estás forzando tu cuerpo que te llevará al efecto rebote. Cuando te fuerzas a hacer más ejercicio del que puedes mantener vas a abandonarlo por completo. Cuando das demasiado al otro, acabas esperando que el otro compense el desequilibrio. Cuando te olvidas de ti, un problema de salud mental te llevará a que solo pienses en ti. El mundo busca el equilibrio y tú, consciente o inconscientemente también.

Así que he decidido cambiar la pregunta que me empuja a moverme. En vez de “¿cómo lo puedo conseguir?” he decidido preguntarme “¿cómo eso que quiero conseguir puede contribuir a mi equilibrio vital?” Para que mi camino hacia mis próximos objetivos no esté lleno de latigazos sino de caricias. De este modo, ya estaré disfrutando el camino, ya estaré donde quiero estar.

¿Te sientes identificado conmigo? ¿Te mueves desde el equilibrio o el esfuerzo?

Te abrazo,

 He escrito este artículo con esta canción de fondo: https://www.youtube.com/watch?v=3SsbRoyJLH0

Por si quieres usarla para releerlo. Así estaremos aún más unidos en este instante de tiempo atemporal. Mientras yo escribo, tu me lees. Tú estás en mi mañana y yo en tu ayer, pero nos encontramos en el presente de esta lectura.

Si crees que este artículo puede servirle a alguien de tu entorno, reenvíaselo y anímale a que se SUSCRIBA a mi calmada newsletter.

Nunca uso historias personales de pacientes sin pedirles permiso, si te ves reflejado puede ser por casualidad.

Isaac Palomares

Psicólogo sanitario (número de colegiado 24.677) y tengo una experiencia de 15 años dedicándome a la relación de ayuda. También estudié coaching y periodismo.

Escucha mi Podcast

También puedes escribirme:

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies