La calma aparece si somos capaces de vivir con el corazón abierto.
La mente hace ruido, entra en ansiedad, se pone demandante, te exige y siente que no es suficiente. En el fondo, actúa como un niño malcríado cuando la escuchamos demasiado.
Y, ¿por qué la escuchamos tanto?
La mente es una distractora.
Cuando el corazón duele, cuando te cuesta sostener tu sensibilidad, la mente sube el volumen para que no sientas el dolor.
El agotamiento muchas veces es desconexión. Por eso no consigues descansar, porque has errado el problema.
Así que hasta que no conectes con esa sensibilidad no podrás silenciar tu mente.
Obvio, no siempre es así, pero sí muchas veces.
Lo difícil es el camino. Lo bonito es el regalo: cuando abres tu corazón a ti, a los demás y al mundo, experimentas un gozo parecido al del enamoramiento sin efectos secundarios.
Pero implica valentía para atravesar su camino. En el programa de CALMA PROFUNDA, te ayudo a quitar capas para conectar con lo más elemental en ti: la felicidad sencilla del camino con corazón.
Si fuese Chenrezig, el bodhishattva de la compasión te diría algo así:
«Respira en el centro de tu pecho y siente que no hay nada que sanar, solo reconocer.Todo lo que duele pide ser abrazado, no cambiado. Deja que la compasión lo envuelva todo, incluso tus pensamientos inquietos. La mente se calma cuando se sabe amada. Que tu mirada sea un refugio, incluso para lo que no entiendes. Cuando lo acojas todo, conocerás la paz que no depende de nada.»
Si fuese Santa Teresa de Jesús, te diría algo así:
«Déjate amar, alma mía, déjate amar sin medida. No luches por llegar a Dios, pues ya habita en ti. Entrégale tus miedos, tus dudas y tus prisas, y deja que Él te encienda. En ese fuego, las penas se vuelven oración, y la calma florece donde antes ardía la búsqueda. Solo el amor basta, porque es en el amor donde todo descansa.”
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Que sea en beneficio de todos.
Te abrazo,
Isaac Palomares, psicólogo especialista en calma, insomnio y psicología integral