Hoy quiero darte placer.
Bueno, más que darte placer directamente, animarte a encontrar el placer.
Nuestras tradiciones religiosas y sociales han condenado el placer por pecaminoso o improductivo.
Cuando empecé mi camino de desarrollo, durante un tiempo sentí una contradicción entre el gozo y la calma. Me volví más centrado en encontrar el camino de la serenidad que el de la vida.
Eso apagó mi energía y lo que debería haberme servido para estar mejor me iba sumiendo en un estado de insatisfacción mayor, una sensación casi depresiva.
Hasta que me di cuenta que el placer, el gozo, la espontaneidad, las risas, lo superficial, bailar, decir tonterías,… no podía ser excluido sino que tenía que ser canalizado y usado para estar en calma.
No se trata solo del placer sencillo de tomar una taza de te. Se trata de bailar, hacer el amor, darse un masaje o reír con amigos como si te hubiera poseído Dionisio, y eso no te aparta de la calma, la enraiza, la hace más fuerte, le da estructura.
Si lo haces de forma consciente, es una forma de arrodillarte frente a lo absoluto, con la gratitud de todo lo que forma parte de él.
El problema del placer es aferrarse a él, no dejarlo pasar, ser poseído por su superficialidad sin dar espacio a profundizar. Pero eso igual lo puedes hacer con el dolor.
El problema del placer es usarlo para someter a otros, desde tu egocentrismo dañar en nombre de tu propio placer. Todo cambia cuando lo usas para someterte TU frente a lo divino.
No te aferres al placer, pero tampoco evites toda la energía que puede proporcionarte para hacer el bien a ti y a los demás.
Goza de tu cuerpo, goza de tus emociones, goza de tu mente y dale gozo a tu alma para que el espíritu se estremezca de tanto placer fruto de su propia creación.
Para ahorrarte tiempo y mis tropiezos en el camino tengo el programa de CALMA que te ayudará a subir el nivel de conciencia para estar en calma.
Si fuese Chenrezig, el bodhishattva de la compasión te diría algo así:
«El placer no es un enemigo del camino, sino una ola más en el océano de la mente despierta. Acógelo con suavidad, como se acoge a un ser que busca alivio. Permite que tu gozo se abra sin agarrarlo, igual que una flor se abre sin esfuerzo. Que cada risa, cada danza, cada caricia sea un recordatorio de que no estás separado de nada.
Cuando disfrutas con presencia, el mundo entero disfruta contigo. Y cuando transformas tu propio placer en compasión hacia todos los seres, no solo te liberas tú: la red entera de la vida respira más hondo contigo.»
Si fuese Santa Teresa de Jesús, te diría algo así:
«Alma mía, no temas al gozo que nace limpio y verdadero, porque también por esa vía el Señor se comunica con sus criaturas. No ahogues la alegría pensando que te aparta del camino; hay veces en que el alma, cuando se siente amada, se desborda de júbilo. El placer que se vive con verdad no es pecado, sino una gracia que ordena el corazón y lo dispone a amar más. Mas no lo tomes como dueño, sino como mensajero. Déjalo pasar por ti como un viento que aviva el fuego interior, y entrégalo luego a Dios con humildad, para que lo convierta en caridad, en servicio y en paz profunda.»
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Que sea en beneficio de todos,
Te abrazo,
Isaac Palomares, psicólogo especialista en calma, insomnio y psicología integral