Un dilema habitual me volvió a aparecer el sábado con el grupo.
La sala estaba llena.
Y alguien me dijo:
«¿Por qué no haces fotos para tus redes, te darían un montón de prestigio con tanta gente?»
Y a mí me volvió a aparecer el mismo dilema de siempre.
Por una parte quiero mostrarlo, como la mayoría de gente de mi ámbito. Algunos profesionales, incluso con mucha menos gente, publican fotos y vídeos y montan una imagen de gurú exitoso que, al parecer, les ayuda a consolidar su prestigio.
Por otra parte, me preocupa el uso de la gente como forma de promoción. Y me gusta centrarme y disfrutar lo que estoy haciendo.
Ayer me vinieron algunas ideas de uno de mis filósofos contemporáneos favoritos: Byung-Chul Han. Explica que vivimos en una sociedad pornográfica donde todo se exhibe, hay una especie de hipervisibilidad y consumo rápido.
No solo en lo profesional.
Las redes sirven para exhibir la vida de las personas. Destruyendo la intimidad, lo secreto, lo oculto y lo misterioso.
Y eso nos hace correr el riesgo de convertirnos en personajes de nuestra propia vida.
Y quizá te preguntas qué tiene que ver esto con la calma.
La exhibición constante nos saca del presente.
Cuando pensamos en publicar, mostrar o fotografiar lo que hacemos:
– Dejamos de estar en la experiencia.
– Entramos en la lógica del rendimiento.
Es decir, pasamos de vivir la experiencia a ser productores de contenido.
Quizá la calma también tenga algo que ver con esto.
Con no sentir que todo lo que vivimos tiene que convertirse en contenido.
Con permitir que algunas cosas simplemente ocurran.
Sin exhibirlas.
Sin demostrarlas.
Sin convertirlas en una historia que contar.
Porque no todo lo valioso necesita ser mostrado.
Algunas de las experiencias más profundas de la vida suceden, precisamente, cuando nadie las está mirando.
¿Tú que piensas?
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Que sea en beneficio de todos.
Te abrazo,