La calma no es pereza

En uno de nuestros encuentros de calma apareció la confusión entre la calma y la pereza. ¿Estirarse en el sofá y pasar la tarde viendo una temporada entera de tu serie favorita es algo que te acerque a la calma?

La evasión es un acto de desconexión de la realidad. Cuando sientes que no eres capaz de sostener lo que estás viviendo puedes evadirte de ello con actividades que alimentan tu dependencia como tomar alcohol, drogas, distraerte con personas, comer, practicar sexo,… Podría hacer una lista interminable.

Pero todas estas actividades no contribuyen a tu calma. Decir eso sería como explicar que un heroinómano debe pincharse heroína para estar en calma. No, es justo lo contrario, debe dejar de pincharse heroína para, después de un largo camino y trabajo que le generará ansiedad, pueda estar en calma.

Vivimos en un mundo frenético y los viernes acabamos exhaustos. A pesar de eso, queremos llenar la agenda con más planes sin dejar espacio a la calma. Luego, llega el domingo al mediodía y nos apetece olvidarnos de nosotros frente a la pantalla. Eso no tiene nada que ver con cultivar la calma. Te evades frente a la pantalla porque te has desgastado y te duele ver que esta vida rápida que llevas no te llena. Primero usas la actividad para desconectarte y después la pereza para seguir haciéndolo. En ninguna de esas actividades hay calma. En una te desconectas por acción y en la otra por evasión.

La calma emerge cuando aparece un profundo estado de conexión interna. Eso no es no hacer nada, sino dedicar a cada actividad el tiempo que necesita. La calma es una forma de equilibrio. 

Puedes estirarte en el sofá para descansar, o puedes hacerlo para ver algunos capítulos de tu serie favorita desde la calma que te dará una vida con sentido, pero no para conseguir la calma.

Cuando pienso en la calma me viene a la mente el monje que la cultiva a diario sin actividades que le aceleren pero tampoco abandonándose en el sofá para evadirse. Los monjes y las monjas viven una rutina establecida que les permite hacer cada actividad dedicándole el tiempo que necesitan. 

Si llegas al domingo agotado tienes un problema con el equilibrio de tu energía vital. No se trata de esperar al domingo para no hacer nada, sino de no llegar exhausto al final del día o al final de la semana y tratar de desconectarte de ese cansancio con la evasión.

Si llegas cansado, triste o enfadado al final de la semana lo que necesitas es sentir esas sensaciones desagradables para poder empezar a poner remedio, no evadirte para olvidarte de ello y seguir en la misma rueda como un hámster. 

No es posible cultivar la calma a la fuerza, es algo que se hace a fuego lento. La calma es una meta que se convierte en camino si ponemos la atención al presente con lo que hay. Donde hay pereza no hay calma, sino adormecimiento y la calma se parece más al despertar.

La calma se cultiva con la acción consciente, pero esto te lo cuento mejor otro día. 

Te abrazo,

He escrito este artículo con esta canción de fondo: https://www.youtube.com/watch?v=sntC1Xrhp-E

Por si quieres usarla para releerlo. Así estaremos aún más unidos en este instante de tiempo atemporal. Mientras yo escribo, tu me lees. Tú estás en mi mañana y yo en tu ayer, pero nos encontramos en el presente de esta lectura.

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Nunca uso historias personales de pacientes sin pedirles permiso, si te ves reflejado puede ser por casualidad.

Isaac Palomares

Psicólogo sanitario (número de colegiado 24.677) y tengo una experiencia de 15 años dedicándome a la relación de ayuda. También estudié coaching y periodismo.

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