Estaba preparando el retiro incluido en el programa para estar en calma y, mientras reflexionaba sobre el amor, me emocionaba.
Cuando somos pequeños, el amor se expresa en la familia.
Luego crecemos, nos hacemos adolescentes y aparece el amor romántico.
Algo ha cambiado y nuestro corazón se ha ampliado.
Ya no amamos sólo a quién nos ha amado, crece el círculo. Con eso también se amplía el miedo a sufrir. Y ambos, amor y miedo, van conviviendo con nosotros a lo largo de nuestra vida.
En un inicio, sentimos que tenemos que ganarlo y eso nos lleva al esfuerzo, a conseguir cosas, a tener dinero o a estar atractivos, hasta que un día despertamos al Amor en mayúsculas.
El esfuerzo y la exigencia ceden, el agotamiento se diluye, el miedo y la confianza cogen el relevo.
Nos podemos soltar.
Podemos descansar en el amor que siempre hemos sido y que siempre ha estado allí.
Del amor infantil, al amor egoico adolescente, al amor como naturaleza última.
Y cuando contactas con eso, el mundo tiene otro color.
Y sólo deseas que todos conecten también con eso.
Y sólo anhelas un mundo más basado en el amor.
Hoy sólo quería recordarte esto, que nada calma más que el amor.
Y que el camino es hacia dentro.
Navegar más allá de ti para despertar en ese amor que eres.
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Que sea en beneficio de todos.