He perdido totalmente mi calma (y la estoy recuperando)

Desde el inicio de mi paternidad hace un par de meses, toda mi vida se ha puesto patas arriba y he perdido toda la rutina que sostenía mi calma.

Ya había sido advertido.

Pero siempre he sentido que podía con todo y que esto sería algo más.

Pero no… esto ha parado mi vida y ahora ya no puedo con todo.

Este terremoto, tan precioso como agotador, tan difícil como transformador, lo ha desordenado todo.

Tal vez sabes de qué te hablo, tal vez te ha sucedido con una mudanza, un cambio de trabajo, la llegada de un animal a tu casa o el inicio de una relación de pareja.

La rutina -y con ella la calma- se resienten. Y en ese momento es mejor abandonarse a ello: al caos, al desorden, a la falta de rutina, con el deseo puesto a su recuperación.

Algunas personas creen que la calma es algo definitivo: una meta a la que llegar.

Pero nada más lejos de la realidad.

La calma es un camino serpenteante, es como esas muñecas de base redonda que, cuando las empujas, vuelven a su lugar.

Cuando la vida se despista y tratas de retener la calma, acabas enfadado.

Te exiges.

Te recriminas.

Y eso aleja todavía más la calma.

La paz interna depende de ser capaces de abrazar las olas de la vida. El trabajo con la calma es más parecido al de un marinero con el mar que al de un conductor en una carretera recta.

Puedes decir que estás en calma cuando has aprendido a sostener el desorden, el caos, la tensión y la incertidumbre de la vida.

Por eso, estoy en proceso de recuperación.

Esta es mi primera semana de vuelta.

Estoy con ganas de retomar la rutina.

No hay calma sin rutina.

Y poco a poco la voy ubicando.

En una nueva rutina, que ya no será jamás la que tuve.

Con la alegría de lo que ha llegado pero también tristeza de la parte de mí que murió para siempre.

Hoy te escribo un artículo poco más largo, tenía ganas de contarte un poco más sobre mi momento actual en este medio más íntimo. Lo he hecho mientras sonaba «El viaje» de Conchita:

Y en medio de todo, yo sé que habrá un día
En el que tu mano tendré que soltar
Y ya, de reojo
Te intentaré cuidar

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Que sea en beneficio de todos.

Te abrazo,

Isaac Palomares

Psicólogo sanitario (número de colegiado 24.677) y tengo una experiencia de 15 años dedicándome a la relación de ayuda. También estudié coaching y periodismo.

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