Calmar la ansiedad

Comprender la ansiedad para recuperar la calma

La ansiedad es una de las experiencias psicológicas más frecuentes de nuestro tiempo. Aunque solemos vivirla como un problema que debemos eliminar cuanto antes, en realidad constituye una respuesta natural del organismo. Gracias a ella podemos prepararnos para afrontar un examen, reaccionar con rapidez ante un peligro o adaptarnos a situaciones de incertidumbre. La ansiedad, por tanto, no nace para hacernos sufrir, sino para ayudarnos a protegernos.

El problema aparece cuando ese mecanismo deja de activarse únicamente ante amenazas concretas y comienza a acompañarnos de forma permanente. Muchas personas viven con la sensación de que algo malo puede ocurrir en cualquier momento. Aunque objetivamente todo parezca estar bien, su cuerpo permanece en tensión y su mente continúa buscando aquello que podría salir mal. Poco a poco, la ansiedad deja de ser una reacción puntual para convertirse en una forma de relacionarse con la vida.

Desde la Psicología de la calma entendemos que la ansiedad no debe abordarse como un enemigo contra el que luchar. Cuando una persona intenta controlar constantemente sus sensaciones, eliminar todos sus pensamientos o asegurarse de que nunca volverá a sentirse ansiosa, suele terminar alimentando el mismo proceso que desea detener. Por eso nuestro objetivo no consiste en combatir la ansiedad, sino en comprender cómo funciona y ayudar a que el cuerpo, la mente y el corazón recuperen progresivamente una forma más abierta y segura de habitar la experiencia.

¿Por qué se mantiene la ansiedad?

Tradicionalmente se ha explicado la ansiedad poniendo el foco en los pensamientos o en los síntomas físicos. Sin embargo, nuestra experiencia clínica nos lleva a entenderla como un proceso mucho más amplio, en el que cuerpo y mente se influyen mutuamente de forma constante.

Cuando el cuerpo permanece en tensión, la mente interpreta esa tensión como una señal de que existe un peligro. Y cuando la mente anticipa continuamente posibles amenazas, el cuerpo responde aumentando todavía más su estado de alerta. De este modo se crea un círculo que termina manteniendo la ansiedad incluso cuando ya no existe una amenaza inmediata.

Esta forma de entender la ansiedad resulta importante porque explica por qué muchas personas sienten que conocer racionalmente que no ocurre nada grave no es suficiente para sentirse tranquilas. Pueden repetirse una y otra vez que todo está bien y, sin embargo, seguir notando el pecho oprimido, la respiración acelerada o la sensación de que algo terrible está a punto de suceder. El problema no es que les falte fuerza de voluntad ni que estén pensando mal. El problema es que cuerpo y mente llevan demasiado tiempo alimentándose mutuamente.

Por este motivo, la Psicología de la calma considera que intentar resolver únicamente los pensamientos o únicamente los síntomas físicos suele ofrecer resultados limitados. Para recuperar una calma estable es necesario comprender cómo participan las diferentes dimensiones de la persona y acompañarlas de forma integrada.

El cuerpo: descubrir que también sabe sentirse seguro

Cuando hablamos de ansiedad solemos pensar inmediatamente en preocupaciones, pero el primer lugar donde la ansiedad se manifiesta es el cuerpo. Muchas personas describen una tensión constante en los hombros, una sensación de opresión en el pecho, molestias digestivas, dificultad para respirar profundamente o la impresión de no poder relajarse nunca del todo. Con el paso del tiempo, ese estado de activación acaba resultando tan habitual que la persona llega a creer que esa es simplemente su forma de ser.

Desde la Psicología de la calma partimos de una idea diferente. No creemos que el cuerpo haya dejado de funcionar correctamente. Creemos que el cuerpo está intentando proteger a la persona utilizando el único lenguaje que conoce: mantenerse preparado por si fuera necesario reaccionar.

Esta diferencia es importante porque cambia completamente la forma de intervenir. Nuestro trabajo no consiste en obligar al cuerpo a relajarse ni en luchar contra las sensaciones físicas. Antes de pedirle al organismo que abandone la alerta, necesitamos ayudarle a descubrir que ya existen experiencias de seguridad dentro de su propia vida.

Todas las personas, incluso aquellas que llevan años conviviendo con ansiedad, experimentan momentos en los que el cuerpo descansa. Puede ocurrir durante un paseo, al abrazar a alguien, mientras contemplan el mar, al escuchar música o simplemente al compartir una conversación tranquila. Esos momentos suelen pasar desapercibidos porque la atención está acostumbrada a dirigirse hacia aquello que produce malestar. Sin embargo, constituyen el punto de partida del trabajo terapéutico.

En lugar de centrar todos nuestros esfuerzos en eliminar la tensión, buscamos reconocer y ampliar aquellas experiencias en las que el cuerpo ya sabe sentirse seguro. Poco a poco, el organismo aprende que no necesita permanecer permanentemente preparado y comienza a recuperar una sensación de estabilidad que sirve como base para el resto del proceso.

Este trabajo encuentra su fundamento en las aportaciones de la psicología del trauma y la regulación del sistema nervioso, especialmente en autores como Peter Levine, Pat Ogden y Bessel van der Kolk, así como en herramientas procedentes de la terapia cognitivo-conductual, entre ellas la exposición experiencial. Aunque proceden de tradiciones diferentes, todas ellas comparten una idea fundamental: el cuerpo no recupera la calma porque luche contra sí mismo, sino porque vuelve a experimentar, de manera repetida, que existen espacios reales de seguridad.

La mente: cuando intentar resolverlo todo aumenta la ansiedad

Una vez el cuerpo vive en un estado de alerta constante, la mente hace aquello para lo que ha evolucionado: intentar protegernos. Su función consiste en anticipar problemas, buscar explicaciones y prepararse para afrontar aquello que podría ocurrir. Desde esta perspectiva, la ansiedad no aparece porque nuestra mente funcione mal, sino porque está intentando hacer demasiado bien su trabajo.

Muchas personas llegan a consulta convencidas de que necesitan dejar de pensar. Sin embargo, pensar no es el problema. El problema aparece cuando sentimos que debemos responder a cada preocupación que produce nuestra mente. Entonces comenzamos a analizar una y otra vez las mismas situaciones, buscamos garantías imposibles, repasamos conversaciones, imaginamos escenarios futuros e intentamos controlar todo aquello que escapa a nuestras posibilidades.

Paradójicamente, cuanto más intentamos alcanzar esa certeza absoluta, más espacio ocupa la ansiedad en nuestra vida.

En la Psicología de la calma utilizamos con frecuencia una metáfora muy sencilla. Imaginemos una máquina expendedora de bebidas. Introducimos una moneda y obtenemos una lata. Nuestra mente funciona de una manera parecida, pero en lugar de ofrecer refrescos ofrece preocupaciones. Cuando conseguimos resolver una, enseguida aparece otra nueva. Si hoy dejamos de preocuparnos por la salud, quizá mañana aparezca una preocupación relacionada con el trabajo. Si resolvemos el problema laboral, la mente puede empezar a centrarse en la economía, en la familia o en cualquier otra cuestión.

Esto explica por qué muchas personas sienten que nunca terminan de descansar. No porque los problemas sean infinitos, sino porque la mente siempre es capaz de generar un nuevo motivo por el que mantenerse alerta.

Desde la Psicología de la calma no pretendemos eliminar esa capacidad. De hecho, sería imposible. La mente seguirá produciendo pensamientos mientras estemos vivos. Lo que buscamos es desarrollar una relación diferente con ellos. Aprender a reconocer que un pensamiento no siempre describe la realidad y que no todas las preocupaciones requieren una respuesta inmediata.

Este trabajo encuentra gran parte de su fundamento en la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), uno de los modelos psicológicos con mayor respaldo científico para el tratamiento de la ansiedad. La ACT propone desarrollar flexibilidad psicológica, es decir, la capacidad de observar nuestros pensamientos sin quedar completamente atrapados por ellos. No se trata de convencer a la mente de que todo irá bien ni de sustituir pensamientos negativos por otros positivos. Se trata de descubrir que podemos seguir viviendo de acuerdo con nuestros valores incluso cuando la mente continúa produciendo dudas o preocupaciones.

Cuando la persona deja de luchar constantemente con su mente, ocurre algo importante. La atención deja de estar completamente absorbida por los posibles peligros y comienza a recuperar espacio para mirar la vida de una forma mucho más amplia.

El corazón: recuperar la capacidad de vivir

La ansiedad no solo modifica lo que sentimos o pensamos. También cambia profundamente nuestra forma de relacionarnos con el mundo.

Cuando vivimos en estado de supervivencia, la atención se estrecha. Nuestra energía se dirige casi exclusivamente a detectar amenazas y protegernos de ellas. Poco a poco dejamos de hacer actividades que antes disfrutábamos, nos cuesta conectar con las personas que queremos, disminuye la creatividad y la vida comienza a organizarse alrededor de aquello que intentamos evitar.

Desde la Psicología de la calma llamamos corazón a esa dimensión de la persona capaz de abrirse a sí misma, a los demás y a la vida. No utilizamos esta palabra en un sentido romántico, sino para describir la capacidad de conectar con aquello que nos importa profundamente, experimentar compasión, crear vínculos, encontrar sentido y actuar desde algo más amplio que la mera supervivencia.

Por eso no trabajamos el corazón como un objetivo independiente. Entendemos que comienza a abrirse de forma natural cuando el cuerpo recupera una sensación creciente de seguridad y la mente deja de monopolizar toda nuestra atención. En ese momento la persona vuelve a disponer de recursos para interesarse por los demás, recuperar proyectos que había abandonado, desarrollar su creatividad o reencontrarse con aspectos valiosos de sí misma que habían quedado ocultos bajo la ansiedad.

En algunas ocasiones, esa apertura pone de manifiesto experiencias del pasado que todavía necesitan ser comprendidas. Heridas emocionales, pérdidas o acontecimientos difíciles que durante años permanecieron ocultos bajo el esfuerzo constante por sobrevivir. En esos casos, el trabajo terapéutico consiste en aprender a sostener esas experiencias sin rechazarlas, integrándolas poco a poco dentro de la propia historia.

En otras personas ocurre algo mucho más sencillo. Al disminuir la tensión corporal y dejar de vivir atrapadas en las preocupaciones, recuperan espontáneamente una forma de estar en el mundo más abierta, tranquila y disponible. Ambas posibilidades forman parte del proceso y ninguna de ellas es mejor que la otra.

La dimensión espiritual de la calma

Para algunas personas, abrir el corazón también supone recuperar preguntas relacionadas con el sentido de la vida. La ansiedad deja de ocupar el centro de la experiencia y aparece el deseo de comprender qué lugar ocupa todo lo vivido dentro de la propia historia.

La Psicología de la calma respeta profundamente esta dimensión cuando la persona desea incorporarla al proceso terapéutico. No parte de ninguna religión concreta ni pretende dirigir las creencias de nadie. Cada persona encuentra sentido de una manera diferente. Para algunas será la tradición cristiana; para otras el budismo; para otras el contacto con la naturaleza, la contemplación o una visión humanista de la existencia.

La espiritualidad no constituye un requisito para superar la ansiedad, pero sí puede convertirse en una fuente importante de fortaleza, esperanza y reconciliación para quienes desean recorrer ese camino.

¿En qué se basa la Psicología de la calma?

La Psicología de la calma integra diferentes enfoques psicológicos porque considera que cada uno aporta herramientas especialmente útiles para comprender una dimensión concreta de la experiencia humana.

El trabajo con el cuerpo se apoya en las aportaciones de la psicología del trauma y la regulación del sistema nervioso, especialmente en los trabajos de Peter Levine y Pat Ogden, así como en herramientas procedentes de la terapia cognitivo-conductual, entre ellas la exposición experiencial.

El trabajo con la mente incorpora principalmente los principios de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), que ha demostrado su eficacia en el tratamiento de los trastornos de ansiedad al ayudar a desarrollar una relación más flexible con los pensamientos y las emociones.

El trabajo con el corazón encuentra un marco de comprensión en la Psicología Integral de Ken Wilber, así como en las aportaciones de la psicología humanista de Abraham Maslow, la obra de John Welwood, la psicología de la compasión y diferentes tradiciones contemplativas cuyas prácticas están siendo cada vez más estudiadas por la investigación científica debido a sus beneficios sobre el bienestar psicológico.

No entendemos estos enfoques como modelos enfrentados, sino como aportaciones complementarias que permiten acompañar a la persona desde diferentes dimensiones de su experiencia.

Recuperar la calma

La ansiedad suele hacernos creer que solo podremos vivir cuando desaparezcan todos los síntomas, cuando dejemos de preocuparnos o cuando tengamos la certeza de que nada malo va a ocurrir. Sin embargo, la experiencia clínica muestra que la calma no suele aparecer al controlar completamente la vida, sino al cambiar la relación que mantenemos con ella.

Cuando el cuerpo descubre que también sabe sentirse seguro, la mente deja de necesitar resolver todas las incertidumbres y el corazón recupera la capacidad de abrirse a la vida, la ansiedad pierde progresivamente el lugar central que ocupaba.

Ese es el propósito de la Psicología de la calma. No ofrecer una técnica para eliminar cualquier sensación de ansiedad, sino acompañar a la persona para que construya una forma de vivir en la que la calma deje de depender de que todo salga exactamente como espera y pueda convertirse en una manera más estable de habitar su cuerpo, su mente y su corazón.

Preguntas frecuentes sobre la ansiedad

¿La ansiedad es una enfermedad?

No. La ansiedad es una respuesta natural del organismo que nos ayuda a prepararnos ante situaciones que percibimos como amenazantes. Todas las personas experimentamos ansiedad en determinados momentos de la vida. El problema aparece cuando ese estado de alerta se mantiene de forma continuada y comienza a interferir en nuestro bienestar, nuestras relaciones o nuestra capacidad para disfrutar del día a día.


¿La ansiedad puede desaparecer?

En muchos casos la ansiedad puede reducirse de forma muy significativa e incluso dejar de interferir en la vida cotidiana. El objetivo del tratamiento no consiste en eliminar cualquier sensación de ansiedad, ya que forma parte del funcionamiento normal del ser humano, sino en que deje de dirigir nuestra vida y podamos responder con mayor libertad ante aquello que nos ocurre.


¿Por qué siento ansiedad si racionalmente sé que no pasa nada?

Porque la ansiedad no depende únicamente de lo que pensamos. Cuando el cuerpo permanece en un estado de alerta continuado, la mente interpreta esa activación como una señal de peligro, aunque objetivamente no exista ninguna amenaza. Por eso muchas personas saben que están seguras y, sin embargo, siguen sintiendo tensión, miedo o inquietud. El tratamiento debe ayudar tanto al cuerpo como a la mente a salir de ese círculo de retroalimentación.


¿Qué diferencia hay entre la ansiedad y un ataque de ansiedad?

La ansiedad suele mantenerse durante horas, días o incluso meses como un estado de preocupación y activación continuada. Un ataque de ansiedad, también llamado ataque de pánico, aparece de forma mucho más intensa y repentina, alcanzando su máxima intensidad en pocos minutos y produciendo síntomas físicos muy intensos, como sensación de ahogo, taquicardia, mareo o miedo a perder el control. Aunque están relacionados, no todas las personas con ansiedad generalizada sufren ataques de ansiedad.


¿Es necesario tomar medicación para superar la ansiedad?

Depende de cada caso. Algunas personas mejoran mediante tratamiento psicológico sin necesidad de medicación. En otras situaciones, especialmente cuando la ansiedad es muy intensa o limita gravemente la vida cotidiana, el médico o el psiquiatra pueden considerar recomendable utilizar medicación durante un tiempo. Ambas opciones no son excluyentes y siempre deben valorarse de forma individual.


¿Cuánto tiempo dura un tratamiento para la ansiedad?

No existe una duración igual para todas las personas. Depende de la intensidad de la ansiedad, del tiempo que lleve presente, de las circunstancias vitales y de los objetivos de cada paciente. Algunas personas experimentan cambios importantes en pocas semanas y otras necesitan un proceso más prolongado para consolidar una calma estable.


¿Qué diferencia a la Psicología de la calma de otros tratamientos para la ansiedad?

La Psicología de la calma entiende la ansiedad como un proceso en el que cuerpo y mente se mantienen mutuamente en estado de alerta, reduciendo progresivamente nuestra capacidad para vivir con apertura. Por ello, el tratamiento no se centra únicamente en disminuir síntomas, sino en ayudar a que el cuerpo recupere seguridad, la mente gane perspectiva y el corazón vuelva a abrirse a la vida. Para ello integra herramientas procedentes de la psicología del trauma, la terapia cognitivo-conductual, la Terapia de Aceptación y Compromiso, la Psicología Integral y diferentes enfoques contemplativos respaldados por la investigación científica.


¿Cuándo debería buscar ayuda psicológica?

Es recomendable consultar con un profesional cuando la ansiedad comienza a limitar la vida cotidiana, dificulta el descanso, afecta al trabajo, a las relaciones o hace que la persona deje de realizar actividades importantes para ella. Buscar ayuda no significa que la ansiedad sea grave; significa que has decidido no seguir afrontándola en soledad.


¿Puedo aprender a calmar la ansiedad aunque lleve años con ella?

Sí. Muchas personas conviven con ansiedad durante años y llegan a pensar que esa forma de vivir es parte de su personalidad. Sin embargo, el sistema nervioso tiene capacidad de aprender nuevas formas de responder. Con el acompañamiento adecuado es posible recuperar una mayor sensación de seguridad, desarrollar una relación diferente con los pensamientos y volver a vivir con mayor calma y libertad.

¿El Programa para vivir en calma en medio del caos puede ser para mí?

Sí, especialmente si sientes que la ansiedad lleva tiempo formando parte de tu vida y quieres ir más allá de aprender técnicas puntuales para controlarla. El Programa para vivir en calma en medio del caos está pensado para personas que desean comprender en profundidad cómo funciona la ansiedad y desarrollar una calma más estable a través del trabajo con el cuerpo, la mente y el corazón.

A lo largo del programa aprenderás a recuperar una mayor sensación de seguridad corporal, desarrollar una relación diferente con tus pensamientos, comprender los patrones que mantienen tu ansiedad y abrirte nuevamente a una vida con más tranquilidad, conexión y sentido. Todo ello desde el enfoque de la Psicología de la calma, integrando herramientas procedentes de la psicología basada en la evidencia y una visión integral del desarrollo humano.

Si buscas un proceso estructurado, acompañado y orientado a transformar tu forma de relacionarte con la ansiedad, el programa puede ser una buena opción para ti. Si tienes dudas sobre si se adapta a tu situación, puedes ponerte en contacto conmigo y valoraremos juntos cuál es el camino más adecuado.

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