La calma no se cultiva en unos días.
Te vas de retiro tres días.
Desconectas de vacaciones con tus amigas.
Participas de un taller de cuencos.
Haces yoga 2 veces por semana.
Meditas unos minutos todos los días.
Pero no te funciona de forma estable. Te va bien, te relaja, te sientes a gusto. Y es útil como recurso rápido.
Pero frente al día a día.
Las conversaciones difíciles.
O los desafíos de tu trabajo, es como si no hubieras hecho nada.
En los últimos años las propuestas de yoga, relajación y detox han cogido mucho protagonismo. Prometen calma a través de calmar el cuerpo.
Eso funciona.
Pero no es estable.
Necesitamos relajar el cuerpo, pero si seguimos con la misma forma de pensar o con un corazón que se protege de los demás, la calma no será estable.
Es como apagar un fuego y seguir con el mechero encendido, inmediatamente después aparecerán más fuegos.
En el momento actual, estamos usando al cuerpo de esclavo de nuestra mente. Pensamos que relajándolo, todo se aclarará.
Pero no es posible.
Necesitas trabajar también la mente.
Hemos sobredimensionado el papel del cuerpo en nuestra narrativa actual. Y lo hacemos porque es más fácil relajarlo que cambiar nuestros hábitos y pensamientos.
Pero es como perder las gafas en la habitación y buscarlas en la calle solo porque allí hay más luz.
La mente tensa el cuerpo.
Relajar el cuerpo calma la mente.
Pero sin un trabajo con la mente, el cuerpo volverá a tensarse antes de llegar a casa por una mente saturada.
Puedes seguir relajando el cuerpo, pero, ¿no sería mejor tener una mente que no la tensase?
He preparado una masterclass práctica llamada “Calmar el cuerpo, la mente y el corazón”. Practicaremos tres ejercicios para cada uno de estos niveles.
Las personas de la Comunidad Esmeralda la tienen incluida en su cuota. Puedes apuntarte a AQUÍ.
Que sea en beneficio de todos.
Te abrazo,